Advertencia de la FAO: el cierre del estrecho de Ormuz podría desencadenar una crisis alimentaria global

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha lanzado una alerta urgente: el cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría provocar una catástrofe alimentaria a nivel mundial. Según Al Jazeera, entre el 20% y el 45% de los insumos agrícolas esenciales del planeta dependen de esta ruta marítima. Los países más pobres serían los más afectados, ya que los retrasos en el suministro de fertilizantes se traducirían rápidamente en una menor producción agrícola.

Un análisis publicado en el Financial Times destaca cómo la región del Golfo Pérsico se ha convertido en el centro neurálgico de la agricultura moderna en las últimas dos décadas. La FAO ha instado a los gobiernos a no restringir el envío de energía y fertilizantes, ya que históricamente estas medidas han provocado picos en los precios de los alimentos.

El riesgo de un «perfecto tormenta» climático

El economista jefe de la FAO, el Dr. Máximo Torero, ha advertido sobre la posibilidad de un «perfecto tormenta» si, además del conflicto en Oriente Medio, el mundo se ve afectado por un fuerte fenómeno de El Niño. En este escenario, la combinación de escasez de fertilizantes y condiciones climáticas adversas podría dejar sin alimentos a millones de personas.

Ante esta situación, algunos países ya están tomando medidas:

  • Sri Lanka: A pesar de su elevada deuda en fertilizantes, el gobierno ha prometido subsidios a los agricultores para garantizar el suministro, según el Sunday Times de Sri Lanka.
  • India: La preocupación por una posible escasez de fertilizantes ha generado alarma en el sector agrícola, como recoge Scroll.in.
  • Australia: Con el 60% de su urea procedente del Golfo Pérsico, el conflicto podría impulsar un resurgimiento de la industria local de fabricación de fertilizantes, según ABC News.
  • China: El gigante asiático está reducendo las exportaciones de fertilizantes para proteger su mercado interno, según Reuters.

BECCS: ¿una solución climática o un espejismo?

Un reciente estudio publicado en The Guardian cuestiona la eficacia de la tecnología BECCS (Bioenergy with Carbon Capture and Storage), que combina la quema de biomasa con la captura de emisiones de CO₂. Según la investigación, esta tecnología no generaría emisiones negativas en los próximos 150 años y, de hecho, podría producir más emisiones que el gas natural sin captura durante décadas.

Además, el estudio estima que el uso de BECCS podría triplicar los costes de la electricidad. Estos hallazgos ponen en duda los planes de algunos gobiernos, como el del Reino Unido, que subsidian centrales como la de Drax, que quema madera y captura CO₂.

Críticas y matices al estudio

Aunque el estudio ha sido elogiado por su transparencia metodológica, expertos como la profesora Joana Portugal Pereira, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, advierten que sus resultados son muy sensibles a las suposiciones realizadas. Pereira señala que el análisis se centra en BECCS basado en bosques existentes, lo que podría exagerar las emisiones.

Por su parte, la doctora Isabela Butnar, experta en políticas ambientales del University College London, coincide en que la quema de bosques para generar electricidad con BECCS no es viable y considera que el estudio aporta datos valiosos para la discusión.

«Los resultados del estudio son contundentes: la BECCS basada en bosques no es una solución realista para combatir el cambio climático. Es hora de replantearse las políticas que promueven esta tecnología».

— Dra. Isabela Butnar, experta en políticas ambientales

Controversia en Reino Unido: granjas solares y tensiones ambientales

Mientras tanto, en Reino Unido, la expansión de granjas solares está generando controversia. Algunos proyectos han sido criticados por ocupar tierras agrícolas fértiles, lo que ha reavivado el debate sobre el uso del suelo y la transición energética. Activistas y agricultores exigen que se priorice la producción de alimentos frente a la generación de energía renovable en zonas rurales.

Este conflicto refleja los desafíos globales a los que se enfrenta la humanidad: garantizar la seguridad alimentaria sin descuidar la lucha contra el cambio climático.