En la costa este de Estados Unidos, los residentes enfrentan algunos de los mayores incrementos en el coste de la electricidad del país. Ante esta situación, algunos políticos demócratas están considerando recortar programas de eficiencia energética como solución rápida para aliviar la presión en los bolsillos de los ciudadanos.

La lógica detrás de esta decisión es que, al reducir los fondos destinados a estos programas, se disminuirían las facturas de los usuarios. Sin embargo, la ironía radica en que la eficiencia energética precisamente busca reducir el consumo y, por tanto, las facturas a largo plazo. Como señala Mark Kresowik, director de políticas de la American Council for an Energy-Efficient Economy (ACEEE), «la opción más barata y rápida para satisfacer la demanda energética en un momento de creciente necesidad es, precisamente, la eficiencia energética».

Esta tendencia emergente entre demócratas, sumada a un cambio más consolidado entre republicanos, representa un giro radical en comparación con las respuestas políticas ante crisis energéticas pasadas. En 1973, durante la guerra del Yom Kippur, los países árabes dejaron de exportar petróleo a EE.UU. como represalia por su apoyo a Israel. El resultado fue un aumento desorbitado de los precios del petróleo, largas colas en las gasolineras y facturas de electricidad más altas.

Ante esta situación, el entonces presidente Richard Nixon impulsó medidas para reducir el consumo energético, como limitar la velocidad máxima en carreteras a 80 km/h (50 mph) y recomendar a los ciudadanos bajar la calefacción en invierno. Fue el inicio de un esfuerzo bipartidista que duró décadas, centrado en mejorar la eficiencia energética y reducir la dependencia del «petróleo extranjero».

Este esfuerzo ha generado ahorros millonarios para los estadounidenses. Las regulaciones que obligaron a los fabricantes a producir coches más eficientes han permitido a los ciudadanos ahorrar unos 5 billones de dólares en combustible a lo largo de los años, además de evitar la emisión de 14.000 millones de toneladas métricas de CO₂. Por otro lado, los estándares de eficiencia en electrodomésticos y sistemas de fontanería siguen ahorrando a los hogares una media de 576 dólares al año en sus facturas de servicios, según datos del Departamento de Energía de EE.UU. correspondientes a enero de 2020.

Sin embargo, en la actualidad, ante una nueva crisis energética —esta vez desencadenada por conflictos en Oriente Medio—, muchos políticos están optando por el camino opuesto. La administración Trump, junto con republicanos en el Congreso, ha atacado los estándares de eficiencia en coches y electrodomésticos heredados de la era Biden. Pero ahora, incluso algunos demócratas, históricamente defensores de estas políticas, están mostrando dudas.

El resultado es que, en un contexto donde los centros de datos consumen cada vez más electricidad, el clima extremo y una red eléctrica envejecida disparan los precios, algunos políticos están debilitando una de las herramientas más efectivas para reducir las facturas y proteger a los ciudadanos de la volatilidad de los precios.

En Maryland, por ejemplo, el gobernador demócrata Wes Moore está a punto de firmar una ley que reducirá los objetivos de reducción de emisiones del estado. Esto implicaría recortar los fondos destinados a programas de eficiencia energética y eliminar un recargo en las facturas de los usuarios que financia estas iniciativas.

Fuente: Grist