En las elecciones presidenciales de 2024 entre Kamala Harris y Donald Trump, el establishment demócrata optó por un giro hacia la derecha con el objetivo de atraer al supuesto votante conservador moderado. Figuras como Liz Cheney, republicana de larga trayectoria, fueron presentadas ante electores demócratas, mientras las propuestas políticas se inclinaban hacia posturas más conservadoras. Sin embargo, esta estrategia fracasó: Harris perdió las elecciones y, según datos de salida, solo logró el 5% del voto republicano, un punto menos que Joe Biden en 2020. Además, los votantes de clase trabajadora apoyaron masivamente a Trump, y los jóvenes no acudieron a las urnas en el mismo número. Esta derrota reforzó la crítica de que el Partido Demócrata prioriza los intereses de sus donantes millonarios sobre las demandas de su propia base.
En 2026, con las elecciones de mitad de mandato a la vista, el partido parece no haber aprendido de sus errores. Según el Financial Times, los estrategas demócratas están advirtiendo a los candidatos que no antagonicen con los intereses de los grupos pro-IA, incluso cuando las encuestas reflejan que la regulación de la inteligencia artificial es una prioridad para los votantes. La recomendación es clara: evitar confrontar a cualquier grupo pro-IA con más de 300 millones de dólares para invertir en campañas, en un intento por asegurar esa financiación para la maquinaria política del partido.
Hasta ahora, solo un pequeño grupo de demócratas progresistas ha incluido la regulación de la IA como eje central de sus campañas. El resto, en su mayoría, opta por el silencio. «Se percibe un efecto disuasorio en las campañas», declaró Alex Jacquez, exasesor de la Casa Blanca y director de políticas de Groundwork Collaborative, al Financial Times. «No hay muchos incentivos cuando se arriesga perder 20 millones de dólares en publicidad negativa en tu carrera… en muchos casos, es más fácil no decir nada».
Sin embargo, desde una perspectiva electoral, esta estrategia podría ser contraproducente. Los demócratas han tenido dificultades para competir con el bloque republicano alineado con Trump, y la oposición a la IA podría ser la palanca para asegurar una victoria fácil. Según una encuesta de Ipsos, el 63% de los estadounidenses cree que el gobierno federal debería tener un papel más activo en la regulación de la IA. Entre los demócratas, el 67% apoya que el Estado garantice que esta tecnología no cause daños. Sorprendentemente, el apoyo trasciende el electorado tradicional demócrata: el 63% de los votantes republicanos también considera que el gobierno debe ejercer un mayor control para proteger a los ciudadanos de los riesgos de la IA.
Además, el 56% de los republicanos quiere que las autoridades aseguren la precisión de los resultados generados por la IA, una demanda compartida por el 51% de los demócratas. La oposición a los gigantes tecnológicos, incluyendo los centros de datos de IA, está ganando fuerza incluso en zonas rurales, lo que demuestra que el rechazo a la desregulación tecnológica tiene un alcance mucho más amplio que la base tradicional del partido. La regulación de la IA podría ser la herramienta para reconectar con un electorado perdido, pero el Partido Demócrata parece más preocupado por mantener el flujo de financiación que por responder a las demandas ciudadanas.
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