Una serie que evita la autocrítica

La plataforma Netflix ha estrenado Hulk Hogan: Real American, un documental de cuatro episodios que promete desentrañar la figura de Terry Bollea, más conocido como Hulk Hogan. Sin embargo, lejos de ofrecer un retrato honesto, la producción sigue el mismo patrón que otras cintas patrocinadas por la WWE: una versión selectiva y edulcorada de la historia.

Con casi cinco horas de duración, el documental intenta humanizar a Hogan presentándolo como una víctima de las circunstancias: su época, su educación, la presión de ser una estrella o el paso del tiempo. Pero nunca llega a asumir que fue un ser humano tóxico durante gran parte de su vida, cuyas acciones dejaron secuelas personales y profesionales imposibles de borrar, incluso tras su supuesta redención en 2023.

Excusas recurrentes para justificar lo injustificable

El documental repite una y otra vez el mismo esquema: expone acciones reprobables de Hogan —racismo, consumo de esteroides, destrucción de carreras ajenas, mentiras judiciales— pero las desvanece con excusas superficiales:

  • Racismo: «Era la época en que crecí».
  • Esteroides: «Todos los usaban».
  • Destrucción de carreras: «Sabía lo que era mejor para el negocio».
  • Amenazas de violencia: «Solo estaba borracho y el reportero era mi amigo».

En ningún momento el documental profundiza en estas justificaciones. Hogan siempre tiene la última palabra, mientras que las voces críticas o los testimonios que podrían contrarrestar su versión brillan por su ausencia.

Omissiones que distorsionan la realidad

Además de las excusas, el documental omite aspectos clave de la vida y carrera de Hogan para construir una imagen más favorable:

  • Su papel en la represión de los derechos laborales: No se menciona que en los años 80 delató los intentos de Jessie Ventura por sindicalizar el vestuario de la WWE, ganándose el favor de Vince McMahon al ayudar a suprimir los derechos de los luchadores.
  • Su responsabilidad en el declive de WCW: Su envidia profesional y control creativo en la WCW, factores clave en el colapso de la empresa, apenas se tocan.
  • Su segundo matrimonio: Se omite por completo su matrimonio de 11 años, presentándolo como soltero desde su divorcio en 2007 hasta su boda en 2023.
  • La ausencia de su hija: Brook Hogan, su hija mayor, no aparece en el documental, a pesar de haber públicamente distanciado de él por sus declaraciones racistas.

¿Por qué importa este documental?

Más allá de su entretenimiento, Hulk Hogan: Real American refleja un problema recurrente en los relatos patrocinados por la WWE: la falta de autocrítica. En lugar de enfrentar el pasado oscuro de sus figuras, opta por suavizarlo, presentando a Hogan como un hombre arrepentido sin demostrarlo realmente.

Este enfoque no solo distorsiona la historia, sino que normaliza comportamientos dañinos al ofrecer una versión edulcorada de una figura pública con un legado controvertido. La serie, en lugar de ser un ejercicio de reflexión, se convierte en otro ejemplo de cómo el entretenimiento puede reescribir la realidad para proteger intereses.

«El documental no solo falla en su objetivo de retratar a Hogan con honestidad, sino que refuerza la idea de que las celebridades pueden cometer actos imperdonables y, aún así, ser perdonadas sin asumir consecuencias reales».

Conclusión: ¿Redención o blanqueo?

Aunque el documental intenta humanizar a Hogan, su estructura y omisiones lo convierten en un intento fallido de redención. En lugar de confrontar su pasado racista y abusivo, lo minimiza, presentándolo como un producto de su tiempo y circunstancias.

La pregunta sigue en el aire: ¿Es posible una verdadera redención sin asumir la responsabilidad de los actos cometidos? Hulk Hogan: Real American no da respuesta a esta cuestión, sino que la evade una y otra vez.

Fuente: SB Nation