Un reciente estudio demuestra que los hábitos de vida modernos están modificando la forma en que el microbioma intestinal —el conjunto de microorganismos presentes en el sistema digestivo— regula el estrógeno y otras hormonas. Esta hormona, clave en múltiples funciones del organismo, influye en la fertilidad, el desarrollo, el crecimiento y la predisposición a enfermedades como el cáncer de mama y ovario.
Según los hallazgos, las personas en sociedades industrializadas tienen hasta siete veces más capacidad para reciclar el estrógeno descartado y reabsorberlo en la sangre, en comparación con quienes viven en entornos no industrializados. Además, los bebés alimentados con fórmula presentan entre dos y tres veces más capacidad de reciclaje hormonal que los amamantados, lo que indica que estas diferencias comienzan en etapas tempranas de la vida.
«Es sorprendente descubrir que las decisiones cotidianas en sociedades industrializadas, como la alimentación infantil, pueden estar influyendo involuntariamente en nuestros niveles hormonales a través del microbioma intestinal», afirma Rebecca Brittain, autora principal del estudio y exinvestigadora posdoctoral en el Departamento de Antropología de la Universidad de Yale y en la Facultad de Medicina de la Universidad Jagellónica de Polonia.
Brittain añade que «nuestros entornos, dietas y hábitos diarios en la sociedad industrializada parecen afectar directamente a los niveles de microbios intestinales que regulan las hormonas». El siguiente paso, según la experta, es identificar los factores específicos que impulsan estas diferencias y comprender cómo responde el cuerpo a este reciclaje hormonal.
El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, fue coautorado por Richard Bribiescas, profesor de Antropología en Yale, y Grazyna Jasienska, profesora de Ciencias de la Salud en la Universidad Jagellónica de Polonia.
Metodología y hallazgos clave
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron tres conjuntos de datos públicos sobre microbiomas intestinales, que abarcaban a 24 poblaciones de cuatro continentes. Entre los grupos estudiados se incluyen:
- Cazadores-recolectores y pastores en Botsuana, Tanzania y Nepal.
- Agricultores rurales en Malaui y Venezuela.
- Habitantes urbanos en Filadelfia y San Luis (EE.UU.).
- Datos sobre microbiomas de bebés amamantados y alimentados con fórmula.
Investigaciones previas ya habían demostrado que el estrógeno inactivo se excreta en el intestino y es descompuesto por los microbios. Una parte significativa de este estrógeno descartado se reactiva y reabsorbe en el torrente sanguíneo. El nuevo estudio revela que la composición microbiana del estroboloma —el subconjunto del microbioma intestinal encargado de descomponer el estrógeno descartado— es 11 veces más diversa en bebés alimentados con fórmula que en los amamantados. Además, en las poblaciones industrializadas, esta diversidad es el doble que en las no industrializadas, a pesar de que, en general, los microbiomas intestinales de las sociedades industrializadas suelen ser menos diversos debido a un menor contacto con bacterias ambientales.
«Este hallazgo es inesperado, ya que contrasta con la idea de que las sociedades industrializadas tienen microbiomas menos diversos», señala Bribiescas. Los resultados sugieren que el estilo de vida y el entorno influyen directamente en la regulación hormonal y en la exposición vital al estrógeno.
Aunque se necesitan más estudios para identificar las causas exactas de este mayor reciclaje hormonal en sociedades industrializadas, la dieta parece ser un factor determinante. Otros elementos que podrían contribuir son la reducción de la actividad física, el mayor acceso a sistemas de saneamiento y la menor exposición a microorganismos ambientales.
«La industrialización ha cambiado radicalmente nuestra relación con el microbioma y, por tanto, con nuestra salud hormonal», concluye Bribiescas.