El Pentágono ha cancelado oficialmente el sistema de control terrestre OCX, destinado a gestionar la red de satélites GPS del ejército estadounidense, tras reconocer que sus problemas técnicos eran «insuperables». La decisión, anunciada el pasado lunes por la Fuerza Espacial de EE.UU., marca el fin de un proyecto que ha acumulado más de una década de retrasos y sobrecostes.

Michael Duffey, subsecretario adjunto de Adquisiciones de Defensa, firmó el 17 de abril la resolución para dar por finalizado el programa, según comunicó la Fuerza Espacial. El OCX, conocido como Global Positioning System Next-Generation Operational Control System, era el encargado de controlar los satélites GPS de nueva generación, incluyendo el manejo de señales avanzadas y la gestión de dos estaciones maestras de control, así como la modernización de estaciones de monitorización en todo el mundo.

El proyecto arrancó hace 16 años con un presupuesto inicial de miles de millones de dólares, pero los constantes fallos en su desarrollo y pruebas llevaron a una escalada de costes sin precedentes. A pesar de los esfuerzos por corregir los problemas, el Departamento de Defensa concluyó que el sistema nunca alcanzaría los estándares requeridos para operar con los satélites GPS III, lanzados desde 2018.

La cancelación del OCX deja un vacío en la infraestructura de control de los satélites GPS militares, aunque el Pentágono ha asegurado que explorará alternativas para garantizar la operatividad de la red. Este caso refleja los desafíos recurrentes en grandes proyectos de defensa, donde la complejidad técnica y los plazos ajustados suelen derivar en fracasos costosos.