¿Cuánto tiempo necesitas estar solo para sentirte renovado? La respuesta varía según cada persona. Morgan Quinn Ross, profesor de medios emergentes en la Universidad Estatal de Oregón, lo tiene claro: los sábados son sagrados. Mientras el resto de la semana corre con un club de running, los fines de semana se reserva para correr solo por los bosques de montaña, sin teléfono.

«La gente sabe que lo hago, así que si me pasara algo, espero que me encuentren», bromea Ross. «Pero lo que más valoro es la sensación de reconectar conmigo mismo tras una semana intensa y disfrutar de la naturaleza». Tras años estudiando los beneficios de la soledad, Ross considera este ritual como una forma de autoconocimiento profundo.

Aunque correr en solitario pueda parecer lo opuesto a la vida social, para Ross es un pilar fundamental de su equilibrio emocional. Jeffrey A. Hall, profesor de estudios de comunicación en la Universidad de Kansas, respalda esta idea con su concepto de «bioma social» —el título de su libro escrito junto a Andy J. Merolla—. Este término define el conjunto de interacciones cotidianas con amigos, familia, compañeros de trabajo y desconocidos, y subraya que la salud mental depende de un equilibrio entre conexión y soledad.

«La soledad nos permite recargar energías, entender quiénes somos y volver a las conversaciones con curiosidad y empatía», explica Hall. Sin embargo, en los últimos años hemos caído en un exceso de tiempo en solitario. Según datos del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia, entre 2003 y 2019, los estadounidenses pasaron de dedicar un 43,5% a un 48,7% de su día en soledad. En 2020, esta cifra aumentó aún más, mientras que el tiempo con personas ajenas al hogar disminuyó.

Esta tendencia se refleja en mensajes culturales como la obsesión por «proteger tu paz» o la normalización de cancelar planes. Paradójicamente, mientras se habla de la epidemia de soledad y sus graves consecuencias para la salud física y mental, pocos distinguen entre soledad forzada y soledad reparadora.

¿Acaso estamos realmente solos si respondemos mensajes al instante? La clave está en la calidad del tiempo en solitario, no en la cantidad. Aunque cada persona tiene sus propias necesidades, hay estrategias para aprovechar la soledad de forma saludable y evitar confundirla con aislamiento dañino.

¿Cómo encontrar el equilibrio?

  • Establece límites digitales: Desconecta el móvil durante tus momentos de soledad para evitar distracciones y conectar realmente contigo mismo.
  • Combina actividades: Lee, escribe, camina o medita. La soledad no tiene por qué ser pasiva; puede ser una oportunidad para crear o reflexionar.
  • Prioriza la calidad sobre la cantidad: No se trata de cuánto tiempo pasas solo, sino de cómo lo vives. Una hora de soledad auténtica vale más que un día entero frente a una pantalla.
  • Escucha a tu cuerpo: Si te sientes agotado, date permiso para cancelar planes y recargar. Si, por el contrario, necesitas socializar, hazlo sin culpa.

La soledad, cuando se elige y se gestiona bien, puede ser un acto de autocuidado. Como demuestra la rutina de Ross, no se trata de rechazar la vida social, sino de encontrar el ritmo que te permita florecer en ambos mundos.

Fuente: Vox