ROCKFORD, Illinois — Cada abril, más de 250 deportistas procedentes de más de 50 universidades se reúnen en esta ciudad de tercer nivel para disputar el Campeonato Nacional de la Asociación Nacional de Tenis de Mesa Universitaria (NCTTA). Este año, la competición se celebró en el UW Health Sports Factory de Rockford, un recinto industrial situado entre el río Rock y una vía de tren abandonada.

En su interior, cámaras de última generación giraban sobre pistas profesionales con gradas de tubos y cortinas azules. Los suelos de madera brillaban bajo 40 mesas de juego, organizadas en un tablero azul impecable. Pantallas con el sorteo de la competición flanqueaban una mesa con fotos del campeonato 2025 y trofeos impresos en 3D para 2026. Todo ello fue montado por 75 árbitros vestidos con polos grises, que operaban desde un puesto de mando de 500 metros cuadrados para dirigir, arbitrar y retransmitir en directo. Durante tres días y siete modalidades —dobles masculinos, dobles femeninos, equipos mixtos, equipos femeninos, individuales masculinos, individuales femeninos y un nuevo formato llamado PeakaPong—, se disputaron más de 600 partidos en uno de los torneos de tenis de mesa más importantes de Norteamérica.

Un torneo grande, pero sin glamour

Este evento no es el Campeonato Mundial ni los Juegos Olímpicos, pero ocupa un lugar único en el tenis de mesa de alto nivel en América. Aquí, profesionales y jugadores de selecciones nacionales se enfrentan a aficionados y principiantes. Personas de todas las edades —desde niños hasta jubilados— compiten codo con codo, y exalumnos regresan como entrenadores o simples espectadores. Nadie cobra por participar, ni siquiera los organizadores, que son todos voluntarios. Todos acuden por amor al deporte y lo practican con pasión.

Al inicio del primer día, cientos de zapatillas planas y gomas pegajosas llenaron el pabellón con el característico sonido del tenis de mesa: golpes, saltos y gritos de celebración. Se mezclaban con los anuncios por megafonía para despejar los pasillos atestados, las risas de los grupos uniformados al entregar sus hojas de partido o comprar comida en los puestos de concesión. La atmósfera era intensa, pero también alegre. Algo especial se gestaba en aquel lugar.

Más que un torneo: una comunidad

Lo que hace único a este campeonato es su espíritu inclusivo. No hay premios en metálico ni puntos para el ranking mundial, y la mayoría de los equipos pagan su propia estancia. Sin embargo, la ilusión y el compañerismo lo compensan con creces. Jugadores de élite conviven con estudiantes que acaban de descubrir el deporte, y veteranos comparten mesa con novatos. Es un espacio donde el tenis de mesa se vive con autenticidad, lejos del profesionalismo y los intereses comerciales.

Para muchos, este torneo es una oportunidad para crecer como deportistas y como personas. Para otros, simplemente es un reencuentro con una pasión que los unió en su etapa universitaria. Sea como sea, el Campeonato Nacional de la NCTTA demuestra que, en el deporte, lo más valioso no siempre se mide en trofeos o dinero.

Fuente: Defector