La "tasa de congelación de óvulos": un lujo inalcanzable para muchas mujeres

La inflación no solo afecta al precio de los productos básicos, sino también a uno de los mayores gastos que enfrentan las mujeres en edad fértil: la congelación de óvulos. En 2023, más de 40.000 mujeres en Estados Unidos optaron por este procedimiento médico, una opción segura y avalada por la ciencia que permite retrasar la maternidad sin renunciar a la posibilidad de tener hijos biológicos.

Sin embargo, el coste de este proceso —que ronda los 20.000 dólares por ciclo— lo convierte en un privilegio al que solo pueden acceder unas pocas. Para muchas profesionales, especialmente aquellas en sus primeros años de carrera, esta inversión supera los 50.000 dólares, una cifra que, de no invertirse en congelación, podría multiplicarse por cuatro o cinco en tres décadas gracias a los rendimientos del mercado.

Un obstáculo para la igualdad de género en el ámbito laboral

La autora del artículo, emprendedora y madre, relata su experiencia personal: congelar sus óvulos en sus treinta y pocos años mientras montaba su primera startup en San Francisco. "Entre la autoinyección de medicamentos y el seguimiento de dosis complejas, intentaba mantener a flote mi empresa", explica. Tras cuatro ciclos, pagados íntegramente de su bolsillo, comprendió la crudeza del sistema: la congelación de óvulos no es un gasto, es una apuesta.

Este desembolso llega en el momento más crítico para las carreras profesionales: cuando las mujeres, en plena escalada laboral, disponen de menos ingresos disponibles. La paradoja es evidente: el procedimiento es más efectivo en las edades en las que las mujeres suelen estar más enfocadas en su desarrollo profesional, pero también en las que menos pueden permitírselo.

Consecuencias macroeconómicas de una política fallida

La congelación de óvulos no es solo un problema individual, sino un fracaso de política pública con graves repercusiones económicas. Cuando las mujeres —especialmente las más cualificadas y mejor remuneradas— deben asumir este coste de su bolsillo, el resultado es un retraso o incluso la renuncia a formar una familia.

Estados Unidos, al igual que la mayoría de los países de la OCDE, enfrenta una crisis demográfica: la tasa de fertilidad está por debajo del nivel de reemplazo, y por primera vez en la historia, más mujeres tienen hijos en sus cuarenta que en la adolescencia. Esta tendencia tiene consecuencias directas en la economía:

  • Envejecimiento de la población: Aumenta la ratio de dependencia de la tercera edad, reduciendo la fuerza laboral futura.
  • Presión sobre las finanzas públicas: Menos contribuyentes activos significan menos ingresos para sostener pensiones y sistemas de salud.
  • Escasez de talento: Las empresas pierden profesionales clave que priorizan su carrera sobre la maternidad.

Según la OCDE, la baja fertilidad sostenida amenaza la prosperidad futura, el suministro de mano de obra y la estabilidad fiscal. En este contexto, la congelación de óvulos se convierte en una pieza clave de la infraestructura familiar, junto con el acceso a guarderías y permisos de maternidad.

¿Por qué las empresas deberían asumir este coste?

Las compañías que no apoyan a sus empleadas en esta etapa están ignorando un problema de timing: si solo se financia la parte final de la formación de una familia (guarderías, permisos parentales), pero no la inicial (congelación de óvulos), se deja sin resolver el principal obstáculo: el momento en que las mujeres más necesitan apoyo.

Además, este coste afecta de manera desproporcionada a ciertos grupos, como las familias LGBTQIA+, que suelen carecer de beneficios laborales para cubrir tratamientos de fertilidad. Sin políticas corporativas que incluyan la congelación de óvulos en sus paquetes de beneficios, se perpetúa una desigualdad que va más allá del ámbito económico.

"Si los gobiernos y las empresas solo apoyan la parte final de la formación de una familia, dejan sin resolver el problema de timing que enfrentan las mujeres en sus carreras".

Una solución con beneficios para todos

Incluir la congelación de óvulos en los beneficios laborales no solo aliviaría una carga económica injusta, sino que también tendría un impacto positivo en la economía:

  • Mayor retención de talento: Las empresas podrían atraer y fidelizar a profesionales cualificadas que, de otro modo, pospondrían o renunciarían a la maternidad.
  • Reducción de la brecha de género: Facilitaría que las mujeres avanzaran en sus carreras sin tener que elegir entre su desarrollo profesional y la maternidad.
  • Refuerzo de la natalidad: Ayudaría a mitigar la crisis demográfica, asegurando un futuro sostenible para la fuerza laboral y las finanzas públicas.

En un contexto de envejecimiento poblacional y escasez de mano de obra, invertir en la congelación de óvulos no es solo una cuestión de justicia social, sino una estrategia inteligente para el crecimiento económico.