La premisa de Exit 8 es sencilla: estás atrapado en una estación de metro que se repite en un bucle infinito. Si detectas alguna anomalía en el ciclo actual, debes girarte. Si todo parece igual, sigues adelante. Cada acierto te lleva a una nueva entrada donde el bucle se reanuda, hasta alcanzar el final del laberinto: la salida número 8. Este planteamiento, diseñado para un videojuego en primera persona, permite al jugador controlar cada mirada y movimiento. Sin embargo, el director Genki Kawamura logra replicar esa inmersión en el cine mediante planos secuencia y movimientos de cámara envolventes, haciendo que el espectador, sin necesidad de mandos ni teclado, explore cada detalle visual y sonoro en busca de cambios mínimos.

En apenas unos minutos, la película deja claro que no es una adaptación más de videojuego al cine, como The Super Mario Bros. Movie. Es un intento audaz de trasladar la experiencia interactiva de un juego a un formato pasivo, pero manteniendo la esencia de la interacción. Un reto que pocos artistas lograrían, pero que Kawamura domina con solvencia.

El cineasta, conocido por producir películas de anime de directores como Makoto Shinkai y Mamoru Hosoda —Your Name y Belle entre ellas—, también es un autor best-seller, con novelas como la adaptación de Exit 8. Su enfoque para la película surgió de una conversación con Shigeru Miyamoto, leyenda de Nintendo, quien le dijo que los mejores juegos son aquellos que divierten tanto a quienes los juegan como a quienes los observan.

«Mi objetivo era que el público sintiera que estaba en el lugar del jugador, como si en algunas escenas estuvieran viendo una transmisión en directo de un videojuego»

— Genki Kawamura, en una entrevista con Engadget.

La adaptación de Exit 8 combina esa inmersión con una estructura narrativa tradicional, algo que el juego original no tenía. La película comienza con un joven en un vagón de metro abarrotado. Un hombre de negocios ebrio insulta a una madre por el llanto de su bebé. En lugar de enfrentarse al agresor, el protagonista se pone los auriculares y finge no escuchar, igual que el resto de los pasajeros. Se baja en la siguiente parada, dejando a la madre sola con el insulto. Es una escena que cualquier habitante de una gran ciudad reconocerá: esos momentos en los que sabes que deberías ayudar, pero el miedo, la cobardía o la vergüenza te lo impiden.

Poco después, el joven recibe una llamada de su exnovia, quien le anuncia que está embarazada. Desorientado, entra en la estación de metro que se convertirá en su laberinto: al principio, parece una estación normal, con carteles publicitarios, un fotomatón y puertas de mantenimiento. Pero pronto descubre que la sala se repite. Un cartel en la pared le da las primeras pistas sobre las reglas del juego.

Fuente: Engadget