Con profunda tristeza comunicamos el fallecimiento de Stewart Baker, nuestro querido compañero de blog y amigo, ocurrido de forma repentina hace unos días a los 78 años.

Stewart destacaba por su modestia en el ámbito público, pero su trayectoria profesional lo situaba entre los más brillantes de su generación. Junto a figuras como el juez Paul Cassell y la exmiembro de la Comisión de Derechos Civiles de EE.UU. Gail Heriot, su legado profesional es innegable.

Tras graduarse en la Facultad de Derecho de UCLA en 1976, inició una carrera jurídica de éxito. Fue asesor general de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) entre 1992 y 1994, y más tarde ocupó el cargo de secretario adjunto de Política en el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) entre 2005 y 2009. Antes, ejerció como clerk para el juez Frank Coffin del Primer Circuito y para el juez del Tribunal Supremo John Paul Stevens.

Su agudeza intelectual y capacidad analítica dejaron una huella imborrable. Aunque sus posturas conservadoras a menudo diferían de las mías, siempre valoré su perspectiva, incluso en el desacuerdo. Su trabajo y conversaciones eran una fuente constante de aprendizaje y enriquecimiento personal. Nuestra relación trascendió lo profesional: nos convertimos en buenos amigos. Recuerdo con cariño nuestras reuniones en Washington D.C., y solo hace dos meses compartimos una cena.

Su partida nos ha conmocionado. Como dicen los rusos, «земля ему пухом», y como los romanos, «sit tibi terra levis»: que la tierra le sea leve.

Fuente: Reason