Si tienes más de 40 años, probablemente recuerdes un mundo donde fumar era algo normal: aviones con ceniceros en los reposabrazos, restaurantes con zonas para fumadores separadas por un simple biombo y camareros que preguntaban ¿fuma o no fuma? Hace solo unas décadas, en 1997, más de un tercio de los adolescentes estadounidenses fumaban. Hoy, esa cifra es impensable.

En 1964, el 42,4% de los adultos en EE.UU. eran fumadores. Para 2024, esa cifra ha caído al 9,9%, según datos del National Health Interview Survey analizados en un estudio publicado este mes en NEJM Evidence. Es la primera vez en la historia que el tabaquismo en adultos desciende por debajo del 10%. En términos de salud pública, fumar en EE.UU. ya no es un problema masivo, sino algo «poco común».

Este cambio radical no llegó por casualidad. Fue el resultado de décadas de lucha contra una de las industrias más poderosas del mundo, combinando ciencia, políticas públicas, litigios y presión social. Si hay un ejemplo de que el progreso a gran escala es posible —incluso cuando las probabilidades parecen imposibles—, es el de la lucha contra el tabaco.

Un problema de salud pública sin precedentes

En su punto más álgido, los estadounidenses consumían más de 4.000 cigarrillos por persona al año, es decir, más de medio paquete diario. La mitad de los médicos fumaban, las tabacaleras invertían miles de millones en marketing y presionaban contra cualquier regulación, mientras ocultaban pruebas sobre los daños del tabaco.

El costo humano fue devastador: desde 1964, más de 20 millones de estadounidenses han muerto por causas relacionadas con el tabaco. Actualmente, el tabaquismo sigue siendo la principal causa de muerte evitable en el país, responsable de unas 480.000 muertes anuales —una de cada cinco—. A nivel global, el tabaco mató a unos 100 millones de personas en el siglo XX, más que las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

El punto de inflexión: 1964 y el informe del Cirujano General

El cambio comenzó el 11 de enero de 1964, cuando el Cirujano General Luther Terry convocó una rueda de prensa en el Departamento de Estado para anunciar los resultados de un informe histórico. Tras revisar más de 7.000 estudios científicos, el comité concluyó sin ambigüedades: fumar causa cáncer de pulmón y otras enfermedades.

Este informe marcó un antes y un después. Por primera vez, el gobierno de EE.UU. reconocía oficialmente los peligros del tabaco, dando inicio a una serie de medidas que transformarían la percepción pública. Sin embargo, la industria tabacalera no se rindió fácilmente. Durante décadas, las empresas recurrieron a tácticas agresivas: publicidad engañosa, presión política y campañas para desacreditar la ciencia.

Las estrategias que cambiaron el juego

El declive del tabaquismo no fue obra de un solo factor, sino de una combinación de acciones coordinadas:

  • Regulaciones y advertencias: En los años 70 y 80, se prohibieron los anuncios de tabaco en televisión y radio, se exigieron advertencias sanitarias en los paquetes y se limitó su publicidad en revistas y vallas publicitarias.
  • Impuestos al tabaco: Aumentar el precio de los cigarrillos redujo su consumo, especialmente entre los jóvenes. Hoy, en algunos estados, un paquete puede costar más de 10 dólares.
  • Leyes contra el humo en espacios públicos: Desde prohibiciones en aviones hasta la eliminación de zonas para fumadores en restaurantes y bares, se normalizó un entorno libre de humo.
  • Litigios históricos: En los años 90, estados como Minnesota y Florida demandaron a las tabacaleras, logrando acuerdos millonarios que financiaron programas de prevención y tratamiento.
  • Educación y concienciación: Campañas como Truth —que expuso las tácticas de la industria tabacalera— ayudaron a cambiar la mentalidad social, especialmente entre los jóvenes.

¿Qué podemos aprender de esta lucha?

El caso del tabaco demuestra que, incluso ante intereses poderosos y una adicción extendida, el cambio es posible. Algunas lecciones clave:

  • La ciencia debe guiar las políticas: Sin evidencia clara sobre los daños del tabaco, el progreso habría sido imposible.
  • La regulación funciona: Prohibiciones, impuestos y restricciones redujeron la demanda sin depender únicamente de la voluntad individual.
  • La presión social es clave: Cambiar normas culturales —como aceptar el humo en espacios cerrados— aceleró el declive.
  • La industria no se rinde fácilmente: Las tabacaleras lucharon cada paso del camino, pero la combinación de factores terminó imponiéndose.

Hoy, el tabaquismo en EE.UU. es un problema en vías de solución, pero no está erradicado. El 9,9% de adultos que aún fuman —unos 25 millones de personas— siguen siendo un desafío para la salud pública. Además, el tabaco sigue siendo un problema global, con más de 8 millones de muertes anuales en el mundo, según la OMS.

Sin embargo, el éxito de la campaña antitabaco ofrece esperanza. Demuestra que, con tiempo, estrategia y determinación, incluso los problemas más arraigados pueden superarse. Como dijo el ex Cirujano General Richard Carmona:

«El tabaco es la única droga legal que mata a la mitad de sus consumidores habituales cuando se usa exactamente como se indica».

Su eliminación no fue fácil, pero hoy es un modelo de lo que la salud pública puede lograr.

Fuente: Vox