Una de las corrientes oceánicas más poderosas de la Tierra, esencial para regular el clima de la Antártida, pudo formarse en un momento concreto: cuando los continentes se separaron y los vientos se alinearon con los nuevos pasajes oceánicos. Así lo revela un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America.
Hoy en día, la Corriente Circumpolar Antártica transporta más de 100 veces el volumen de agua de todos los ríos del planeta juntos. Además, actúa como un escudo protector para la capa de hielo antártica, evitando que el calor de latitudes más bajas afecte a la región. Comprender su origen permite a los científicos analizar mejor las dinámicas oceánicas actuales, el clima global y la formación de hielo en la Antártida.
El nacimiento de una corriente clave
Hace aproximadamente 34 millones de años, la Tierra experimentó una transición climática conocida como el Eoceno-Oligoceno, un período en el que los niveles de dióxido de carbono atmosférico disminuyeron y el planeta se enfrió. Durante este proceso, las placas tectónicas del océano Austral se separaron, abriendo y profundizando cuerpos de agua como el Pasaje de Tasmania y el Pasaje de Drake, que separan la Antártida de Australia y Sudamérica.
Durante años, los científicos han planteado la hipótesis de que la alineación de estos nuevos pasajes oceánicos, junto con los vientos del oeste, pudo canalizar el agua y dar origen a la Corriente Circumpolar Antártica. «La posición exacta de los vientos del oeste y su relación con los pasajes oceánicos deben encajar perfectamente», explicó Hanna Knahl, paleoclimatóloga y estudiante de doctorado en el Alfred-Wegener-Institut (Alemania), autora principal del estudio.
Simulaciones que confirman la teoría
Para poner a prueba esta hipótesis, Knahl y su equipo recrearon las condiciones del océano Austral durante el Oligoceno temprano mediante un modelo acoplado que incluía dinámicas oceánicas, patrones de viento, temperaturas, crecimiento de la capa de hielo y precipitaciones. Los resultados se compararon con datos reales de núcleos de sedimentos antárticos y escaneos del fondo marino.
Los hallazgos confirmaron que los vientos del oeste fueron esenciales para la formación de la corriente. «La posición exacta de los vientos del oeste y su relación con los pasajes oceánicos deben encajar perfectamente», afirmó Knahl.
Un avance en la investigación
Joanne Whittaker, geofísica marina de la University of Tasmania (que no participó en el estudio), fue coautora de una investigación en 2015 que ya sugería que la alineación de los vientos del oeste influyó en la formación de la corriente. «Este estudio presenta un modelo más sofisticado del océano Austral durante el Oligoceno temprano y representa un gran avance en la investigación sobre el origen de esta corriente», señaló Whittaker. «Han logrado integrar de manera excelente el trabajo de diferentes investigadores», añadió.
Lecciones del pasado para el futuro
«Si un modelo funciona para el pasado, también puede funcionar para el futuro», destacó Whittaker. Los científicos suelen utilizar el comportamiento histórico de la Tierra para predecir cómo podrían evolucionar los sistemas terrestres en el presente o en el futuro. «Si un modelo funciona en el pasado, nos da confianza para aplicarlo también al futuro», concluyó.