La discusión sobre el futuro de la inteligencia artificial (IA) suele polarizarse entre dos escenarios extremos: una distopía de automatización masiva que dejaría sin empleo a millones o una utopía tecnológica que mejoraría radicalmente nuestras vidas. Sin embargo, hay un detalle que ambos bandos pasan por alto: la IA ya está haciendo la vida de los trabajadores insoportable hoy mismo.

Según datos del diario The Guardian, al menos un tercio de los empleadores en Reino Unido ya utilizan lo que se conoce como "bossware", es decir, software de monitoreo de empleados cada vez más integrado con sistemas de inteligencia artificial. En Estados Unidos, esta práctica es aún más extendida: se estima que el 61% de los centros de trabajo emplean herramientas de análisis con IA para evaluar la productividad laboral.

El control laboral mediante software no es nuevo. Desde los años 2010, trabajadores de almacenes de Amazon han tenido que lidiar con escáneres manuales que registran incluso sus descansos en el baño. Pero la llegada de la IA ha acelerado esta tendencia, permitiendo a los empleadores aprovechar las últimas innovaciones en aprendizaje automático para maximizar la productividad a costa del bienestar de los empleados.

Nazrul Islam, profesor de la Royal Docks School of Business and Law, advierte en un reciente artículo para The Guardian que el mayor peligro inmediato para los trabajadores no es la pérdida masiva de empleos por la automatización, sino el impacto destructivo de la IA en quienes aún conservan su puesto. Entre las consecuencias destacan:

  • El aumento de la brecha de habilidades en el ámbito laboral.
  • La erosión de la autonomía en el trabajo.
  • La degradación de las condiciones laborales.

Como señala Islam,

"muchos empleos seguirán existiendo en el futuro, pero serán más exigentes, más fragmentados y menos humanos"
.

La realidad ya confirma estas advertencias. En Estados Unidos, trabajadores de comida rápida y repartidores de Amazon son sometidos a una vigilancia constante mediante estos sistemas. Los empleados de oficina, por su parte, se ven obligados a trabajar bajo presión, aceptando un monitoreo incesante por IA o arriesgándose a engrosar las listas de desempleados en uno de los mercados laborales más hostiles desde la Gran Recesión.

Islam subraya que las decisiones sobre cómo la IA transformará el trabajo no se toman en Silicon Valley ni en discursos políticos, sino en cada centro de trabajo, en cada oficina, en cada almacén. Reino Unido y el resto del mundo ya están experimentando sus efectos.

Mientras el debate sobre el futuro de la IA sigue abierto, no debemos olvidar que el presente ya está lleno de abusos laborales normalizados. La monotonía de cada turno esconde horrores que, aunque menos espectaculares que una distopía robótica, son igual de devastadores para quienes los sufren.

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Fuente: Futurism