Un lanzamiento que no salió como se esperaba
Para los deportistas profesionales —especialmente aquellos que dependen de sus brazos para su trabajo—, lanzar la primera pelota en un partido de béisbol se convierte en una misión casi imposible. El quarterback de los Miami Dolphins, Malik Willis, aprendió esta lección de la peor manera durante el encuentro entre los Phillies y los Marlins en Miami.
Si Willis hubiera subido al montículo y lanzado una pelota recta y precisa, como las que hacía el expresidente George W. Bush tras los atentados del 11-S, nadie habría dicho nada. En el caso de los mariscales de campo de la NFL, solo se habla de sus lanzamientos cuando algo sale mal.
Y así ocurrió con Willis. Tras una preparación impecable —con su característico movimiento de piernas y balanceo—, el balón se elevó demasiado y se desvió hacia la derecha. No era el lanzamiento de un rapero, sino el de un quarterback valorado en 50 millones de dólares (en dos años) y que, en teoría, debería tener precisión.
Un error sin consecuencias, pero con repercusión mediática
Aunque el incidente no tuvo mayor importancia más allá de generar risas en las redes sociales, refleja la presión que enfrentan los deportistas al aceptar este tipo de invitaciones. Willis ha demostrado su capacidad en la NFL, y su fichaje por los Dolphins —impulsado por el nuevo director deportivo Jon-Eric Sullivan y el entrenador Jeff Hafley— confirma que el equipo confía en su rendimiento.
Sin embargo, el episodio sirve como recordatorio de que, para un atleta profesional en un deporte distinto al suyo —especialmente un mariscal de campo—, lanzar la primera pelota rara vez sale bien.