El director Simon McQuoid se encuentra en medio de un vacío azul durante una entrevista en Los Ángeles. No es casualidad: ese entorno cerúleo recrea, casi al detalle, el escenario del Portal Azul, uno de los secretos más emblemáticos del clásico Mortal Kombat II de 1994 en Sega Genesis.
«Queríamos llevar los escenarios de los primeros juegos, como el Pozo —donde combaten Sonya y Sindel— o el Portal Azul, a una escala cinematográfica masiva», explica McQuoid. Esta decisión no es casual: busca evocar la nostalgia de los jugadores que crecieron con los arcades y las consolas de cartuchos, prohibidos en muchos hogares.
El Pozo, con sus seis metros de picos oxidados, es un ejemplo perfecto. «Convertir un búnker de hormigón de 8 o 16 bits en un espacio real, con picos oxidados, permite recuperar la prioridad de los personajes y sus historias», añade. «Es visualmente impactante y significa mucho para los fans».
Esta filosofía de diseño ha guiado la producción de Mortal Kombat II, un film que, según McQuoid, busca «sentirse como la escena inicial de la primera película, pero en formato de largometraje».
El Portal Azul es otro ejemplo de esta recreación. «En el juego original era solo un remolino», comenta. «Nos preguntamos: ¿cómo lo hacemos hermoso? Quería que tuviera elegancia, escala y belleza». Una belleza que contrasta, irónicamente, con los riesgos que corren los personajes, como caer sobre una sierra circular.
Mortal Kombat II llega a los cines el 8 de mayo.