El Streamline Moderne fue un movimiento artístico que transformó el Art Decó en diseños más aerodinámicos y rápidos, con líneas suaves y elegantes. Aunque el Cord 810/812 es uno de los modelos más icónicos de este estilo, existe un vehículo menos conocido que podría considerarse el primer prototipo de la historia del automóvil: el Phantom Corsair de 1938.
Si alguna vez visitan Reno, en Nevada (EE.UU.), podrán admirar este coche en el Museo Nacional del Automóvil. Sus largas y aerodinámicas líneas, que hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción, en su época representaban la vanguardia tecnológica y el lujo. Aunque ambos, el Phantom Corsair y los trenes Mercury de 1936, compartían un destino efímero, su legado en la historia del diseño es innegable.
Ambos vehículos demostraron cómo la creatividad podía aprovechar la tecnología existente para crear algo revolucionario: los trenes Mercury se construyeron sobre plataformas de trenes de cercanías de la época, mientras que el Phantom Corsair partió de la base del excepcional Cord 810.
Un coche adelantado a su tiempo
Quienes han tenido la oportunidad de conducir un Cord 810 con sobrealimentador, como el que probó el experto Sajeev Mehta, coinciden en que su potencia de 170 CV y su capacidad para mantenerse al ritmo del tráfico moderno son asombrosas. A sus 98 años, este vehículo conserva la elegancia, el confort y el rendimiento de un coche actual, salvo por un detalle: sus frenos. A pesar de sus limitaciones, el Cord 810 es una base perfecta para un diseño aún más audaz: un cuerpo fastback con líneas aerodinámicas, carrocería de aluminio y un aislamiento acústico avanzado para la época.
Así nació el Phantom Corsair, un automóvil que parecía sacado de los años 50 o 60, pero que vio la luz en plena década de 1930. Su diseño prometía viajes cómodos y sin esfuerzo entre ciudades distantes, convirtiéndose en un “coche de ensueño” para conductores y entusiastas de los clásicos. Su creador fue Rust Heinz, heredero de la fortuna de la empresa Heinz, aunque su verdadera pasión eran los coches y los barcos.
De Pasadena al cine: el Flying Wombat
El Phantom Corsair se materializó gracias a la colaboración con la empresa Bohman Schwartz, especializada en carrocerías personalizadas en Pasadena, California. El resultado fue un vehículo que, cuando apareció en la película The Young in Heart (1938), fue rebautizado como “Flying Wombat”. Aunque no sentó las bases de los coches futuristas del cine, su influencia se extendió al diseño automotriz, inspirando a generaciones posteriores.
Entre sus características más innovadoras destacan:
- Una carrocería chopped y channeled (rebajada y estrechada), precursora de los coches custom de los años 50.
- Una plataforma de tracción delantera del Cord 810 ampliada para acomodar a cuatro personas en los asientos delanteros.
- Un diseño tan revolucionario que, casi un siglo después, sigue siendo radical.
Lamentablemente, solo se fabricó un ejemplar, ya que su producción limitada era parte de su filosofía. Hoy, gracias a la iniciativa del Museo Nacional del Automóvil, el Phantom Corsair ha sido restaurado y puesto a disposición de expertos como Jay Leno, quien tuvo la oportunidad de analizar su ingeniería y estilo en detalle. Phil MacDougall, presidente del museo, fue quien lo llevó al garaje de Leno para que el público pudiera apreciar su grandeza.