La administración del expresidente Donald Trump ha paralizado la construcción de casi todos los nuevos parques eólicos en tierra de Estados Unidos, afectando a 165 proyectos. La medida, impulsada por el Departamento de Defensa, alega posibles amenazas a la seguridad nacional al interferir con radares militares.

Según el Financial Times, los proyectos afectados incluyen parques eólicos en negociación, otros en fase final de aprobación y algunos que normalmente no requerirían supervisión militar. Aunque estos trámites suelen resolverse en días, los desarrolladores han enfrentado retrasos desde agosto de 2023.

En diciembre, la administración Trump intentó paralizar también los parques eólicos marinos con un argumento similar. Los desarrolladores presentaron demandas, y los tribunales federales suspendieron la orden en cuestión de semanas. Se espera que la misma estrategia legal se repita en el caso de los proyectos terrestres.

Las petroleras estadounidenses desafían a Trump ante la crisis en el Estrecho de Ormuz

Exxon Mobil y Chevron han rechazado las presiones de la Casa Blanca para aumentar la producción de petróleo, pese a la crisis generada por el cierre del Estrecho de Ormuz. En una entrevista con el Financial Times, Neil Hansen, director financiero de Exxon, afirmó que no habrá cambios en la estrategia de la compañía en la cuenca del Pérmico. Por su parte, Eimear Bonner, directora financiera de Chevron, declaró que «la crisis no ha alterado ninguno de nuestros planes».

Los comentarios se producen días después de que el precio del barril de crudo alcanzara los 126 dólares el pasado jueves. Hansen añadió: «No hay necesidad de acelerar la producción porque ya estamos operando a máxima capacidad. Eso no significa que no estemos evaluando posibles expansiones, pero existen limitaciones».

Aunque el sector petrolero no muestra disposición a aumentar la producción, sí ha mostrado apoyo a otras iniciativas de política exterior de Trump. Recientemente, el CEO de Exxon, Darren Woods, cambió su postura sobre Venezuela, pasando de considerar el país como «no invertible» en enero a describirlo como «un enorme recurso» con mayor apertura al mercado global.