Lograr el equilibrio entre el miedo real y el humor catártico en una comedia de terror no es tarea fácil. Se necesita profundidad emocional para que ambos elementos funcionen sin perder su esencia. Shaun of the Dead sigue siendo, para muchos, la referencia absoluta en este género, y pocas producciones han logrado alcanzar su nivel desde entonces.
La nueva serie de Apple TV, Widow’s Bay, llega para demostrar que el género aún tiene mucho que ofrecer. Protagonizada por Matthew Rhys —conocido por su papel en The Americans—, la trama sigue a Tom Loftis, el alcalde de un pequeño pueblo pesquero de Nueva Inglaterra que sueña con transformar Widow’s Bay en el próximo Martha’s Vineyard. Sin embargo, sus planes chocan con la creencia de los habitantes: el pueblo está maldito.
Lo más interesante de Widow’s Bay es que no se centra en el misterio de si el pueblo está realmente embrujado. La maldición es un hecho, y la negativa de Loftis a aceptarlo —mientras se aloja en un hotel encantado y es acechado por una bruja marina— se convierte en el núcleo de la comedia. Estas situaciones, tomadas con absoluta seriedad por los personajes, generan un contraste hilarante que refuerza la profundidad de cada uno. La serie no intenta demostrar ni refutar lo sobrenatural; simplemente refleja la absurdidad de la vida en un lugar donde el pasado oscuro pesa más que el presente.
En el episodio más reciente, la trama se aleja temporalmente de Loftis para centrarse en Patricia, su asistente, interpretada por Kate O’Flynn. Patricia, una mujer que ha vivido toda su vida en la isla y no es precisamente querida, afirma haber sobrevivido a un encuentro con un asesino en serie local. Tras encontrar un extraño libro de autoayuda, decide organizar una fiesta para demostrar que es merecedora de amistad. Como era de esperar, el plan sale mal, y el desenlace final provocó risas tan intensas que mi marido y yo tuvimos que pausar el episodio.
Uno de los aciertos de la serie es su meticuloso diseño de producción. En una escena, Loftis pasa la noche en el hotel encantado y descubre juegos de mesa inquietantes: un juego de cartas llamado ¡Huye! y otro que parece un tablero llamado Dientes, pero que en realidad contiene unas pinzas dentro. Otro detalle brillante es el libro de autoayuda de Patricia, que le ofrece dos líneas para enumerar sus virtudes, dejando el resto de la página en blanco para que escriba sus defectos.
Con una mezcla de humor negro, terror sutil y personajes bien construidos, Widow’s Bay se consolida como una de las propuestas más originales del género en los últimos años. No es solo una comedia de terror; es una reflexión sobre la negación, la identidad y la absurdidad de la vida en comunidad.