En este trabajo, a veces toca hacer cosas absurdas. Desde llevar a cabo una compra en Costco con un superdeportivo para ver si un pack de papel higiénico cabe en el maletero delantero, hasta conducir un SUV clásico por un circuito callejero de IndyCar. Eso es exactamente lo que hice el pasado fin de semana durante el Gran Premio de Long Beach, como parte de la celebración del 40º aniversario de Acura en Estados Unidos.

Y, contra todo pronóstico, el Acura MDX de 2003 demostró ser un vehículo tan disfrutable hoy como lo fue en su época. Para empezar, cuesta creer que un modelo de hace casi 25 años ya pueda considerarse un clásico, pero así es. Y, aunque me haga sentir mayor, su diseño sigue siendo un soplo de aire fresco en comparación con lo que Acura —o cualquier otra marca— ofrece actualmente.

El MDX de primera generación es más pequeño que los SUV modernos de su segmento. Es más limpio, menos complejo y monta llantas de 17 pulgadas. ¿Se acuerdan de cuando los SUV no intentaban parecerse a deportivos? Jerry Perez, de Acura, lo tiene claro.

Su interior es igual de sencillo y funcional. Los controles son directos, sin pantallas táctiles ni cargadores inalámbricos. Solo botones, portavasos, compartimentos y un reloj analógico que, por solo 89 céntimos, adornaba el salpicadero de un SUV de lujo que costaba 42.000 dólares. Eso sí, la ubicación de los controles de climatización, justo encima de la pantalla de infoentretenimiento y entre dos rejillas de ventilación, resultaba un tanto peculiar.

Una experiencia de conducción... peculiar

Antes de hablar de cómo se comportó en pista —algo que, hay que reconocerlo, fue hilarante—, conviene explicar cómo acabé al volante de este MDX. Acura organizó un paseo previo a la carrera por el circuito callejero de Long Beach para celebrar su aniversario. El evento reunió a más de 40 Acuras de todas las épocas: desde coches de competición hasta Integra Type R vintage, pasando por NSX de distintas generaciones y, mi favorito, el Integra número 48 de Comptech, del que ya hablamos recientemente.

Ante semejante variedad, lo lógico habría sido elegir un vehículo bajo y deportivo. Pero no, yo opté por lo que muchos llamarían el Coche del Padre Clásico y me quedé con las llaves del MDX. Como padre de mediana edad, valoro más el confort que la adrenalina. ¿Qué se puede decir?

La realidad del circuito me golpeó en cuanto me senté al volante. Buscando el botón de arranque, me di cuenta de que este MDX no tenía uno: solo una llave tradicional y un contacto clásico. Tras ese pequeño traspié, el motor V6 de 3,5 litros cobró vida con su sonido característico.

Fuente: The Drive