El estreno de "Michael", el último biopic musical dirigido por Antoine Fuqua, se suma a una larga lista de películas sobre figuras históricas que repiten fórmulas predecibles. Sin embargo, esta producción destaca —y no precisamente por méritos artísticos— por ser el primer biopic musical que celebra la vida de un artista que pasó sus dos últimas décadas evitando acusaciones de abuso sexual a menores.
La pregunta es evidente: ¿cómo puede una película como "Michael" ofrecer los números musicales nostálgicos y el melodrama cursi de cintas como "Walk the Line" o "Bohemian Rhapsody" sin mencionar el elefante en la habitación? La respuesta del filme es clara: no lo hace. Ni una sola referencia. Ni un atisbo de autocrítica. Las escenas que podrían haber insinuado esas polémicas se diluyen en un relato que prefiere ignorar la realidad.
En este universo alternativo que propone la película, Janet Jackson —superestrella en su propia época— nunca existió. Su ausencia es tan llamativa que roza lo absurdo. Pero el problema va más allá de los personajes omitidos. "Michael" se construye como un vacío narrativo que elimina todo contexto relevante: las acusaciones, las controversias y hasta a parte de su familia. El resultado es una hagiografía incompleta, donde solo se celebra al ícono y se borran las sombras que lo acompañaron.
Aunque algunos elementos de la producción logran recrear con éxito los momentos cumbre de la carrera del Rey del Pop, el conjunto carece de profundidad. Incluso los aciertos técnicos palidecen ante una historia tan edulcorada que resulta difícil disfrutar siquiera de sus mejores escenas. Según informes, versiones anteriores del guion incluían referencias a las acusaciones, pero fueron eliminadas en el montaje final.
La trama de "Michael" abarca desde los primeros pasos de Michael Jackson con The Jackson 5 hasta finales de los años 80. El joven Michael, interpretado por Juliano Krue Valdi, sufre el peso del abuso psicológico y físico de su padre, Joe Jackson, papel que Colman Domingo encarna con un exceso de dramatismo operístico. Nia Long da vida a Katherine Jackson, la madre del artista, quien observa pasivamente cómo su hijo sufre sin intervenir de manera significativa.
Jaafar Jackson, sobrino real de Michael, asume el papel del artista adulto con una imitación tan precisa que parece un fantasma del propio Jackson. El guion de John Logan retrata a Michael como un adulto atrapado en un estado infantil, rodeado de juguetes, mascotas y libros como "Peter Pan" —que tiene más presencia en pantalla que su hermana La Toya—. Jaafar refuerza esta imagen en cada escena, presentando a Michael como una figura trágica cuya infancia destruida marcó su vida adulta, a pesar de su éxito profesional.
Hay material suficiente para un análisis profundo, pero "Michael" se queda en la superficie. Quizá las reescrituras y reediciones del guion expliquen esta falta de matices, pero solo podemos juzgar la versión que finalmente se estrenó. Una película que elige ignorar la complejidad de su protagonista no merece ser celebrada, por muy fieles que sean sus coreografías o sus canciones.