Un imperio chocolatero en busca de azúcar
Milton S. Hershey, fundador de la Hershey Chocolate Company, no solo revolucionó la producción de chocolate con métodos industriales, sino que también buscó asegurar el suministro de azúcar para su empresa. Durante la Primera Guerra Mundial, el conflicto afectó el acceso a este ingrediente clave, lo que llevó a Hershey a explorar alternativas fuera de Estados Unidos.
La solución llegó a Cuba, donde las condiciones políticas y económicas favorecían los intereses estadounidenses. Gracias al Tratado Platt, que convertía a Cuba en un estado satélite de EE.UU., Hershey pudo invertir con mayor seguridad. Su visión de integración vertical lo llevó a crear un complejo industrial sin precedentes en la isla.
La red ferroviaria eléctrica: innovación en la industria azucarera
En 1916, Hershey inició la construcción de una red ferroviaria para transportar la caña de azúcar desde los campos hasta las fábricas. Inicialmente, el sistema funcionaba con locomotoras de vapor que quemaban carbón o petróleo, pero los altos costes y la ineficiencia llevaron a una transformación radical: la electrificación.
En 1920, la Hershey Cuban Railway se convirtió en la primera línea ferroviaria eléctrica de Cuba, aunque en Europa y EE.UU. ya se estaban implementando sistemas similares. La red, de 56 kilómetros, conectaba cinco plantaciones, cinco ingenios azucareros, una refinería y varias ciudades company town. Además, la central eléctrica que alimentaba el ferrocarril suministraba energía a Matanzas y pueblos cercanos.
La electrificación no solo optimizó el transporte de la caña, sino que también permitió que los ingenios operaran 24 horas al día durante la cosecha. En 1920, uno de los centros de Hershey procesaba 135.000 toneladas de caña, produciendo 14,4 millones de kilogramos de azúcar.
Un modelo industrial inspirado en la utopía
La ciudad company town de Central Hershey se convirtió en el corazón de las operaciones de Hershey en Cuba. Ubicada en una meseta con vistas al puerto de Santa Cruz del Norte, entre La Habana y Matanzas, esta localidad reflejaba el modelo industrial utópico que Hershey había aplicado en Pensilvania, inspirado a su vez en las colonias industriales de los hermanos Cadbury en Inglaterra.
Central Hershey no era solo un centro de producción, sino una comunidad planificada con viviendas, escuelas, hospitales y servicios para los trabajadores. Este enfoque buscaba mejorar la calidad de vida de los empleados y, al mismo tiempo, aumentar la productividad.
«Hershey tenía una fascinación personal por Cuba, un lugar que consideraba exuberante y lleno de posibilidades para sus negocios». — Thomas R. Winpenny, historiador.
Legado e impacto en Cuba
Aunque la red ferroviaria eléctrica de Hershey dejó de operar en la década de 1950, su influencia perdura en la historia industrial de Cuba. La infraestructura no solo impulsó la producción azucarera, sino que también introdujo tecnologías avanzadas para la época.
Hoy, el recuerdo de este proyecto pionero sirve como testimonio de la ambición de Hershey y de cómo la industria chocolatera y azucarera estuvieron estrechamente vinculadas en el siglo XX. Aunque el ferrocarril ya no existe, su legado sigue siendo un ejemplo de innovación y visión empresarial.