De 'Sin City' a 'Sin Nation': la transformación de Estados Unidos

Las Vegas, conocida durante décadas como Sin City por su oferta de vicios las 24 horas, ya no es la excepción, sino la regla. Estados Unidos está evolucionando hacia una sociedad donde conductas antes marginales —como el consumo de marihuana, el juego y la pornografía— se han normalizado, digitalizado y expandido sin control.

El expresidente Donald Trump resumió esta tendencia durante una reunión en la Casa Blanca el mes pasado al referirse a los mercados de predicción:

"Desafortunadamente, el mundo entero se ha convertido en algo así como un casino".

¿Por qué importa este cambio?

Lo que antes ocurría en callejones oscuros o en el desierto ahora está al alcance de un clic. Gobiernos locales y federales no solo han dejado de perseguir estos comportamientos, sino que los han fomentado, acelerando una sociedad más adicta y menos centrada en valores tradicionales.

El columnista del New York Times Ross Douthat lo explica así:

"A medida que nuestras leyes se vuelven menos moralistas y más libertarias, los comportamientos adictivos han aumentado".

Datos de una encuesta del Wall Street Journal en 2023 revelan que, para los estadounidenses, el dinero es ahora más importante que el patriotismo, la religión, la familia o la comunidad. Este cambio de prioridades ha allanado el camino hacia una sociedad más obsesionada con el beneficio económico y menos con el bien común.

Los tres pilares que impulsan esta transformación

1. La marihuana: de delito a motor económico

Hace apenas una década, poseer o vender cannabis podía llevarte a prisión. Hoy, es legal en 24 estados y en el Distrito de Columbia para uso recreativo, mientras que 40 permiten su uso médico. Incluso la administración Trump dio un paso histórico en abril al reclasificar la marihuana medicinal como sustancia de la Lista III, equiparándola a esteroides o ketamina, y no a drogas como la heroína.

Desde que comenzaron las ventas legales en 2014, los estados han recaudado casi 25.000 millones de dólares en impuestos por cannabis, según el Marijuana Policy Project. Solo en 2024, la cifra superó los 4.400 millones, con California liderando con más de 1.000 millones en ingresos fiscales.

2. Las apuestas deportivas: el juego en el bolsillo

Ya no hace falta ir a un casino para apostar. Con una app en el móvil, cualquier persona puede hacerlo. Esta accesibilidad está destruyendo vidas, especialmente entre jóvenes de bajos ingresos. Según una encuesta de Siena publicada el mes pasado, más del 50% de los hombres estadounidenses entre 18 y 49 años tiene una cuenta en una casa de apuestas online.

El 63% de los apostadores admite gastar 100 dólares o más en un solo día, y el 31% ha recibido críticas por su adicción, un aumento respecto al 23% del año anterior. Un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) vincula la legalización de las apuestas deportivas con un aumento en las quiebras y deudas, afectando con mayor dureza a hombres jóvenes en zonas de bajos ingresos.

3. Los mercados de predicción: apostando por el caos

Más allá de los deportes, plataformas como Kalshi permiten apostar en eventos globales, desde elecciones hasta guerras. Aunque sus fundadores insisten en que no son juegos de azar, reguladores y ciudadanos no están de acuerdo. Estas plataformas han convertido la especulación en un negocio, normalizando la idea de que incluso la destrucción puede ser un producto rentable.

El papel de los gobiernos: ¿libertad o negligencia?

Este cambio no ocurrió de la noche a la mañana. Ha sido el resultado de miles de decisiones pequeñas: la aprobación de leyes estatales, la relajación de regulaciones y el lanzamiento de aplicaciones que facilitan el acceso a estos comportamientos. Gobiernos de todos los niveles han priorizado los ingresos fiscales sobre la salud pública y el bienestar social.

El resultado es una sociedad donde el dinero lo justifica todo, incluso cuando eso significa normalizar adicciones, deudas y la explotación de la desesperación humana. Como advierte el experto Derek Thompson:

"Estamos escalando el pecado en tiempo real, y todos pagamos el precio".

Fuente: Axios