El 12 de mayo de 1790, James Iredell tomó posesión de su cargo como juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos tras jurar el cargo. Este hecho histórico se enmarca en los primeros años de la Corte Suprema, cuando el sistema judicial del país aún se encontraba en fase de consolidación.
Iredell, nacido en 1751 en Inglaterra, emigró a Carolina del Norte en su juventud y se convirtió en una figura clave en la política y el derecho de la joven nación. Antes de su nombramiento, había ejercido como fiscal general del estado y participado activamente en la redacción de la Constitución de Carolina del Norte.
Su juramento como juez supremo se produjo en un momento crucial para la recién formada nación. El Tribunal Supremo, establecido en 1789 con la aprobación de la Ley Judicial, comenzaba a definir su papel como máxima instancia judicial del país. Iredell, junto a otros jueces pioneros como John Jay, sentó las bases del sistema legal estadounidense.
Entre sus contribuciones más destacadas se encuentra su defensa de la interpretación estricta de la Constitución, una postura que influyó en generaciones posteriores de juristas. Además, Iredell fue un firme defensor de los derechos de los estados frente al gobierno federal, una cuestión que marcó debates constitucionales durante décadas.
Falleció en 1799, dejando un legado como uno de los primeros arquitectos del poder judicial en Estados Unidos. Su figura sigue siendo recordada en la historia del derecho constitucional del país.