Un año de fracturas en el Golfo

Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha anunciado su salida de la OPEP, mientras Arabia Saudí pone fin a su mayor aventura deportiva en el extranjero. Tras décadas de alianza estratégica, los dos socios de EE.UU. se enfrentan a una ruptura pública que amenaza con reconfigurar el equilibrio de poder en la región. Todo ello, en un contexto de creciente tensión con Irán.

El legado de Trump y las promesas incumplidas

Hace un año, el expresidente Donald Trump realizó una gira por el Golfo con el objetivo de consolidar una visión de estabilidad postpetróleo basada en turismo, inteligencia artificial y capital estadounidense. Sin embargo, sus promesas de inversión por billones de dólares han quedado en el aire, junto con la idea de una «era dorada» financiada con fondos del Golfo.

Como advirtió Joe Dominguez, CEO de Constellation, a Axios: «Nadie se apresura a construir centros de datos de 20.000 millones de dólares en Arabia Saudí o EAU tras comprobar que Irán puede atacarlos con drones baratos».

El modelo Dubái en jaque

Durante generaciones, los líderes del Golfo han vendido estabilidad como un producto de lujo para atraer turistas, expatriados e inversores. Sin embargo, los ataques de Irán contra hoteles de lujo y aeropuertos han debilitado este modelo, cuestionando la seguridad de la región como destino seguro.

Arabia Saudí recorta ambiciones

El fondo soberano saudí ha abandonado su inversión de más de 5.000 millones de dólares en el circuito de golf LIV, un símbolo del derroche financiero en proyectos de prestigio. Esta decisión refleja la presión económica que enfrenta Riyadh, cuya economía depende en gran medida de las exportaciones de petróleo.

Proyectos como la ciudad lineal NEOM o la celebración de eventos deportivos globales, como el Mundial de 2034, ahora enfrentan recortes presupuestarios. La era de cheques en blanco para megaproyectos parece haber terminado.

EAU desafía a Arabia Saudí en la OPEP

La salida de EAU de la OPEP es el último capítulo de una rivalidad regional que se remonta a años. Las diferencias en política exterior —desde Yemen hasta Sudán y Palestina— y las tensiones personales entre los líderes de ambos países han profundizado la división. La guerra en Irán solo ha acelerado esta fractura.

Mohammed bin Zayed, presidente de EAU, abogó inicialmente por evitar la guerra y presionó a Trump para que no la iniciara. Sin embargo, una vez comenzado el conflicto, EAU adoptó una postura belicista, temiendo que Irán saliera fortalecido. Por su parte, Mohammed bin Salman (MBS), líder de Arabia Saudí, cambió de postura: inicialmente a favor de la guerra, luego buscó una salida para proteger su economía, dependiente del petróleo.

Qatar y el juego de equilibrios

Qatar, otro actor clave en la región, ha sufrido un duro golpe tras los ataques directos contra sus exportaciones de gas. Su estrategia de equilibrar relaciones con EE.UU. e Irán se ha visto gravemente afectada, obligándolo a replantear su papel en el tablero geopolítico.

Nuevas alianzas en un escenario cambiante

Mientras EAU apuesta por los Acuerdos de Abraham y estrecha lazos con Israel —que proporcionó capacidades de defensa antimisiles al inicio del conflicto—, Arabia Saudí se acerca a Turquía y Pakistán. Aunque Trump aún aspira a negociar un histórico acuerdo de normalización entre Israel y Arabia Saudí, el entusiasmo saudí se ha enfriado desde el inicio de la guerra.

«El viaje de Trump a la región en 2023 puede marcar el punto más alto de la idea de que el futuro de la inteligencia artificial, la inversión global y la geopolítica fluiría a través del Golfo».

Fuente: Axios