El Anticristo del siglo XXI: ¿Greta Thunberg o un crítico de la IA?
Historiadores del siglo XXII podrían señalar como punto de inflexión en la tecnocracia estadounidense cuatro conferencias pronunciadas por Peter Thiel en 2025. Con una fortuna estimada en 29.000 millones de dólares, Thiel —presidente de Palantir y cofundador de PayPal— no habló de algoritmos ni de mercados, sino del Anticristo.
En sus charlas en el Commonwealth Club de San Francisco, Thiel trazó un paralelismo entre épocas: en los siglos XVII y XVIII, el Anticristo era un científico loco al estilo del doctor Strangelove. Pero en el siglo XXI, según él, el enemigo es el Luddita que quiere frenar el progreso. En concreto, citó a Greta Thunberg, activista climática, y a Eliezer Yudkowsky, crítico de la inteligencia artificial, como encarnaciones modernas de Gog y Magog.
Fuera del recinto, manifestantes vestidos de demonios portaban carteles como «El fin está cerca. Palantir es el camino. Thiel nos guía». La escena, más propia de una película de terror que de un debate tecnológico, reflejaba la creciente polarización en Silicon Valley, donde el interés económico se reviste de cruzada moral.
La IA como mesías: ¿El nuevo dogma de Silicon Valley?
La retórica de Thiel, aunque extrema, no es aislada. Muchos líderes tecnológicos comparten una visión milenarista sobre la inteligencia artificial, aunque la secularicen. El profesor de derecho de Columbia y crítico tecnológico Tim Wu resumió esta creencia así: «La tecnología es la divinidad, y la Inteligencia General Artificial (AGI) es el Segundo Advenimiento».
Según esta narrativa, se avecina una batalla épica entre el bien (la IA) y el mal (la regulación gubernamental). Si la tecnología triunfa, surgirá un Nuevo Jerusalén donde las máquinas superinteligentes reemplazarán a la humanidad, no como esclavos, sino como dioses. Este concepto, conocido como Singularidad, es celebrado en eventos como los cinco días de seminarios de la Singularity University en Santa Clara (California), con un coste de 15.900 dólares por asistente.
¿El fin de la humanidad o su salvación?
La idea no es nueva. En 1965, el matemático británico Irving John Good escribió en un ensayo:
«La primera máquina ultrainteligente será la última invención que la humanidad necesite hacer».Esta frase, que introdujo el concepto de Singularidad, implica que cualquier obstáculo a la AGI —ya sea regulación o escepticismo— es un pecado contra el progreso.
Pero, ¿qué pasa si la IA no cumple sus promesas? ¿Y si, en lugar de liberarnos, nos esclaviza? Críticos como Yudkowsky advierten sobre los riesgos existenciales de un desarrollo tecnológico descontrolado. Mientras, Thiel y sus aliados siguen viendo en la IA no solo una herramienta, sino un destino divino.
¿Quién gana esta guerra tecnológica?
Lo que comenzó como una utopía hippie en el Whole Earth Catalog se ha convertido en una distopía oligárquica. Lo que Thiel presenta como una lucha contra el mal —la regulación y los críticos— podría ser, en realidad, una justificación para evitar cualquier control sobre el poder tecnológico.
Mientras tanto, el mundo observa con escepticismo cómo el valle del silicio, antaño cuna de la innovación, se debate entre la fe en la máquina y el miedo a perder el control. La pregunta sigue en el aire: ¿Estamos ante el amanecer de una nueva era o el preludio de un apocalipsis tecnológico?