Los rémoras, esos peces con una ventosa en la cabeza que les permite adherirse a otros animales como si fueran imanes, han sido tradicionalmente vistos como un ejemplo de simbiosis beneficiosa. Se creía que, al adherirse a grandes criaturas como tiburones, mantarrayas o ballenas, estos peces ayudaban a limpiar parásitos y piel muerta de sus hospedadores, mientras obtenían transporte y restos de comida. Incluso se asumía que su presencia era inofensiva, dado su pequeño tamaño en comparación con sus anfitriones.

Sin embargo, esta percepción está cambiando gracias a nuevas investigaciones. Emily Yeager, estudiante de doctorado en la Universidad de Miami, ha recopilado pruebas que sugieren que los rémoras podrían ser más perjudiciales de lo que se creía. Según un estudio publicado en 2025, las tortugas marinas con uno a tres rémoras redujeron su actividad de pastoreo, y en la mayoría de los casos, los peces no aportaron ningún beneficio de limpieza a sus hospedadores. De hecho, solo se observó un caso en el que un rémora ayudó a limpiar el caparazón de una tortuga.

Los daños no se limitan a la competencia por alimento. La ventosa del rémora puede causar heridas en sus hospedadores, e incluso se han documentado casos en los que estos peces se introducen en el cuerpo de sus anfitriones. Un estudio de 2023 registró rémoras moviéndose dentro de las bocas, branquias y cloacas de tiburones ballena, un comportamiento que Yeager y su equipo han bautizado como "buceo cloacal".

En su último trabajo, publicado en la revista Ecology and Evolution, Yeager presenta el caso más sólido hasta la fecha sobre el carácter parasitario de los rémoras. Los investigadores documentaron cómo estos peces se introducen en la cloaca de las mantarrayas, a veces hasta la mitad de su cuerpo, una práctica que, según los autores, merece un término menos elegante que el acuñado. Este estudio refuerza la idea de que los rémoras podrían ser más un estorbo que una ayuda para sus hospedadores.

Fuente: Defector