En 2017, Catherine Paul tejió cientos de gorros rosas. «Los hacía sin parar», recuerda. Para ella, la artesanía era una forma de mostrar afinidad y creencias. Sin embargo, el gorro rosa se convirtió en símbolo de un feminismo limitado a un sector concreto de la sociedad estadounidense: mujeres blancas de clase media. Para 2024, aquel símbolo de la Marcha de las Mujeres se veía como un ejemplo de protesta ineficaz y, en muchos casos, incluso vergonzante.

Con la llegada del segundo mandato de Trump, marcado por políticas migratorias agresivas y represión violenta, el craftivismo —la unión de artesanía y activismo— ha vuelto con fuerza. Artistas, tejedores, quilters y diseñadores están recuperando esta forma de protesta, pero con un enfoque más inclusivo y urgente.

Paul, por ejemplo, ahora teje gorros rojos con el mensaje «Derretid a ICE», siguiendo un patrón vendido por la tienda de lana Needle Skein en Minneapolis. «Amigos y conocidos me piden estos gorros como antes», explica. Antes de investigar este fenómeno, muchos creían que el regreso del craftivismo era un signo de que la izquierda estaba «ablandando» su postura hacia formas de activismo antes consideradas poco cool o incluso femeninas. Sin embargo, al hablar con artistas y académicos, la explicación es más sencilla: la gente busca refugio en la creatividad ante un panorama político desolador.

«Las noticias son tan duras que no encuentras paz», señala Gilah Mashaal, dueña de Needle Skein. «Entonces, buscas a gente con la que hacer cosas. Y como somos artesanos, eso es lo que hacemos».

Cuando miles de agentes de ICE irrumpieron en Minneapolis a principios de año, los tejedores habituales de Mashaal se sentían «desesperados y sin saber qué hacer». Fue entonces cuando Paul Neary, empleada de la tienda, propuso crear un patrón inspirado en los gorros noruegos nisselue, usados históricamente contra el nazismo. El diseño del gorro «Derretid a ICE» se subió a la plataforma Ravelry en enero, con un precio de 5 dólares por descarga y todos los beneficios destinados a organizaciones que ayudan a inmigrantes. «Pensamos que recaudaríamos unos miles de dólares», confiesa Mashaal. Sin embargo, el patrón se convirtió en uno de los más populares de la web, con compras desde 44 países que han generado más de 720.000 dólares para causas migratorias.

El fenómeno no se limita al tejido. En QuiltCon, el mayor evento de quilting moderno del mundo, las colchas con mensajes políticos contra ICE han acaparado la atención. Una de ellas lleva escrito: «Nuestro gobierno secuestró a cientos de personas por su raza mientras yo hacía esto». Estas obras también triunfan en redes sociales, donde usuarios comparten sus creaciones con etiquetas como #Craftivismo o #ResistenciaConArtesanía.

Para muchos, el craftivismo actual no es solo una moda pasajera, sino una respuesta colectiva a la opresión. «No se trata de si es 'cool' o no», explica una artista entrevistada. «Se trata de actuar cuando el sistema falla».

Fuente: Vox