Un juicio que se convierte en un circo
Elon Musk, uno de los empresarios más influyentes del mundo, se enfrenta a Sam Altman, CEO de OpenAI, en un juicio civil que podría redefinir el futuro de la inteligencia artificial. Musk, que en 2015 cofundó OpenAI como una organización sin ánimo de lucro con el objetivo de desarrollar una IA segura y beneficiosa para la humanidad, ahora demanda su disolución. Acusa a Altman de haber traicionado la misión original al convertirla en una empresa con fines lucrativos, a pesar de que el propio Musk dirige xAI, su propia compañía de IA con fines comerciales.
Contradicciones que minan su credibilidad
El juicio, que se celebra en San Francisco, ha derivado rápidamente en un espectáculo mediático. En el tercer día de vistas, Musk cometió varios errores garrafales que han puesto en entredicho su coherencia y preparación. Uno de los momentos más polémicos llegó cuando afirmó ante el tribunal que Tesla no persigue el desarrollo de AGI (Inteligencia General Artificial), un concepto clave en el sector tecnológico definido como la capacidad de una IA para igualar o superar la inteligencia humana.
Esta declaración chocaba frontalmente con sus propias palabras pronunciadas apenas dos meses antes. En marzo de 2026, Musk escribió en X (antes Twitter): «Tesla será una de las empresas en lograr AGI y probablemente la primera en hacerlo en forma humanoide o de transformación atómica». Ese mensaje, que fue presentado como prueba en el juicio, quedó grabado en el acta judicial como una contradicción oficial.
«Tesla será una de las empresas en lograr AGI y probablemente la primera en hacerlo en forma humanoide o de transformación atómica».
— Elon Musk (@elonmusk), 4 de marzo de 2026
Más meteduras de pata en el estrado
Las equivocaciones no terminaron ahí. Durante su testimonio, Musk fue preguntado sobre su relación con la inversora canadiense Shivon Zilis, con quien tiene cuatro hijos. Su respuesta, «Creo que sí», generó risas en la sala y alimentó aún más el clima de caos alrededor del caso.
Además, admitió no haber leído el documento de términos de OpenAI que Altman le envió en 2018, cuando Musk abandonó el consejo de la organización. «Es un documento de cuatro páginas», le espetó el abogado contrario, subrayando la falta de diligencia del magnate.
Como señaló el periodista Alex Shultz en Hard Reset, Musk podría haber revisado el documento en minutos, pero optó por priorizar otros asuntos. Este conjunto de errores pinta un retrato de un Musk indeciso y poco preparado, incapaz de cumplir con lo mínimo exigible en un juicio donde, según sus propios abogados, está en juego «el bien de la humanidad».
Un duelo de egos con consecuencias impredecibles
Este enfrentamiento judicial no es solo una batalla legal entre dos titanes de la tecnología, sino también un reflejo de las tensiones en el ecosistema de la IA. Mientras Altman defiende la evolución de OpenAI hacia un modelo híbrido (sin ánimo de lucro y con fines comerciales), Musk insiste en que la organización ha traicionado sus principios fundacionales.
Sin embargo, sus propias acciones y declaraciones contradicen sus argumentos. Su empresa xAI, valorada en miles de millones, compite directamente en el desarrollo de IA avanzada, lo que plantea dudas sobre su motivación real en este juicio.
El resultado de este caso podría tener un impacto profundo en el futuro de la inteligencia artificial, pero por ahora, el espectáculo en los tribunales ha dejado claro que Musk está lejos de ser el aliado inquebrantable que alguna vez se presentó ante OpenAI.