En el espacio Crosstalk de A.V. Club, los críticos Jacob Oller y Monica Castillo debaten sobre el último estreno de terror de Hollywood: La Momia (2026), dirigida por Lee Cronin. Aunque el título sugiere un clásico de momias al estilo de las películas de Universal, el resultado dista mucho de serlo.

Un título engañoso y una trama dispersa

Jacob Oller arranca la conversación destacando lo paradójico del nombre: Lee Cronin es conocido principalmente por Evil Dead Rise, y esta nueva película ni siquiera encaja en el género de momias. Con una duración de 133 minutos, el film mezcla terror sobrenatural, posesiones demoníacas y referencias a El Exorcista, pero sin coherencia narrativa. «¿Por qué una película sobre momias termina con un exorcismo?», se pregunta Oller. «¿Y por qué rezar a un dios que apareció siglos después de la civilización egipcia surte efecto contra la momia?».

Críticas a la representación cultural y los personajes

Monica Castillo profundiza en las incongruencias: «La Momia parece El Exorcista disfrazado de momia para aprovechar otra franquicia», afirma. Critica la falta de rigor histórico y la explotación de la cultura egipcia, reduciendo a personajes como la detective May Calamawy a un mero recurso narrativo. «¿Dónde quedó el Egipto moderno que prometía la apertura?», cuestiona Castillo, quien también compara el film con El Exorcista II: El Hereje por su estilo visual recargado y su historia confusa.

El legado de Boris Karloff vs. el CGI actual

Oller recuerda el clásico de 1932 con Boris Karloff, donde la momia tenía una presencia más aterradora y romántica, con efectos prácticos que superaban al CGI actual. «Katie, la niña poseída, termina convertida en un amasijo de efectos digitales sin alma», señala. «Karloff tenía unos ojos que helaban la sangre; aquí solo hay una masa informe».

¿Qué queda de la esencia de una momia?

Ambos coinciden en que La Momia de Cronin es, en el mejor de los casos, un terror sobrenatural genérico con toques de Evil Dead y El Exorcista, pero sin identidad propia. «Es como si hubieran metido El Conjuro en un traje de momia y le hubieran puesto un nombre comercial», resume Castillo.

La película, producida por Blumhouse, apuesta por el susto fácil y los giros argumentales forzados, pero pierde la oportunidad de ofrecer algo memorable. «Al final, solo quedan preguntas sin respuesta y un montón de minutos desperdiciados», concluye Oller.

Fuente: AV Club