Los fármacos agonistas del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1), como el semaglutida —principio activo de Ozempic—, han demostrado en investigaciones previas beneficios más allá del control de la diabetes y la pérdida de peso. Entre ellos, destacan la reducción del avance de enfermedades renales, el menor riesgo de adicción a opiáceos y una mayor esperanza de vida. Incluso se había observado que podrían disminuir el riesgo de deterioro cognitivo, demencia y Alzheimer.
Sin embargo, un nuevo estudio retrospectivo, presentado en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología celebrada en Chicago, ha arrojado resultados sorprendentes: el uso de estos fármacos podría estar asociado a un mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo.
La investigación, liderada por el epidemiólogo Isaac Thorman de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, analizó datos de casi 65.000 pacientes con diabetes tipo 2 mayores de 50 años tratados con fármacos GLP-1 durante una década. Estos datos procedían de TriNetX, una base de datos que recopila información de más de 100 organizaciones sanitarias en cinco países.
Los resultados mostraron que los pacientes que tomaban GLP-1 presentaban un riesgo doble de desarrollar deterioro cognitivo —incluyendo demencia y Alzheimer— en comparación con quienes no los consumían. Mientras que en el grupo de usuarios de GLP-1 la incidencia fue del 2,6%, en el grupo de no usuarios fue del 1,3%.
La explicación, según los investigadores, no radica en un efecto directo del fármaco, sino en un paradoja de supervivencia. Thorman explicó a MedPage Today que los pacientes que toman GLP-1 viven significativamente más tiempo que quienes no los usan, y este mayor tiempo de vida les expone a un mayor riesgo de desarrollar problemas cognitivos asociados a la edad.
«Interpretamos que los receptores de análogos de GLP-1 vivieron significativamente más que los no receptores, y que vivieron el tiempo suficiente para desarrollar deterioro cognitivo», declaró Thorman.
«La paradoja de supervivencia aparente que demostramos aquí, junto con el tamaño de muestra sin precedentes y el seguimiento a largo plazo, podría explicar la falta de significación en los ensayos controlados aleatorizados», añadió.
No obstante, otros expertos advierten sobre la necesidad de investigar más antes de extraer conclusiones definitivas. Paul Edison, profesor de neurociencia del Imperial College London y ajeno al estudio, subrayó la importancia de analizar estos factores en profundidad antes de llegar a conclusiones.
Thorman coincide en esta cautela: «Se recomienda interpretar estos hallazgos con precaución, ya que no se puede inferir causalidad a partir de este análisis retrospectivo», concluyó.