Nancy Cox, una de las figuras más influyentes en la investigación global de la gripe durante más de 40 años, ha fallecido a los 77 años tras una larga batalla contra un glioblastoma, un agresivo cáncer cerebral.
Cox dedicó más de dos décadas de su carrera a liderar el equipo de influenza de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Bajo su dirección, la unidad pasó de ser un pequeño grupo de 14 expertos a convertirse en una división de más de 100 profesionales, consolidándose como un referente en la vigilancia y respuesta ante brotes gripales.
Además de su labor en el CDC, Cox fue directora del Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la Vigilancia, Epidemiología y Control de la Influenza, un cargo que reforzó su papel como autoridad científica en la lucha contra esta enfermedad.
Su legado incluye contribuciones clave en la identificación de cepas gripales, el desarrollo de vacunas y la coordinación internacional para hacer frente a pandemias. Cox fue reconocida por su capacidad para unir a científicos, gobiernos y organizaciones sanitarias en torno a un objetivo común: proteger a la población frente a la gripe.
Falleció el pasado jueves, dejando un vacío en la comunidad científica internacional. Su trabajo sigue siendo fundamental para entender y combatir esta enfermedad que, cada año, afecta a millones de personas en todo el mundo.