La acusación de genocidio en Gaza: ¿Qué dice el derecho internacional?
La acusación de que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza se ha extendido en protestas, activismo universitario, redes sociales y discursos legales internacionales. Sin embargo, un aspecto clave del debate suele pasar desapercibido: ¿qué implica realmente un acto genocida y cómo se compara con la conducta israelí?
La respuesta es clara: no hay similitud. El genocidio no se limita a una guerra con altas bajas civiles. Según el derecho internacional, consiste en el intento deliberado de destruir a un grupo como tal, con acciones que buscan la muerte masiva de civiles por su identidad, no por objetivos militares.
Israel, en cambio, ha adoptado medidas que contradicen cualquier intención exterminadora. Antes de operaciones militares, el ejército israelí ha emitido advertencias masivas a la población civil mediante:
- Llamadas telefónicas y mensajes de texto.
- Folletos lanzados desde aviones.
- Anuncios en medios locales e internacionales.
- Establecimiento de corredores humanitarios.
- Pausas tácticas en los combates para facilitar la evacuación y la entrega de ayuda.
- Uso de procedimientos como el "golpe en el techo" para alertar a civiles antes de ataques aéreos.
Ninguna de estas acciones es compatible con una estrategia genocida. De hecho, los ejércitos que buscan exterminar a civiles no advierten a la población antes de atacar.
¿Por qué las bajas civiles no equivalen a genocidio?
Israel posee una superioridad militar abrumadora sobre Hamás. Si su objetivo fuera la destrucción del pueblo palestino, el número de víctimas habría sido mucho mayor en muy poco tiempo. En su lugar, ha librado una campaña urbana prolongada centrada en:
- Infraestructura de Hamás.
- Sistemas de túneles.
- Centros de mando.
- Bases de lanzamiento de cohetes.
- Liderazgo militar.
Las altas bajas civiles se explican por la naturaleza del conflicto: Hamás opera desde zonas densamente pobladas, utilizando:
- Edificios residenciales para almacenar armas.
- Infraestructura civil como cobertura para sus operaciones.
- Centros de mando bajo áreas urbanas.
Esto no exime a Israel de cumplir con el derecho internacional humanitario, pero sí ofrece una explicación militar para las víctimas civiles, no una intención genocida.
El mito del "genocidio" y su uso político
La acusación de genocidio en Gaza se ha convertido en un eslogan recurrente en sectores pro-palestinos, donde se exige aceptar esta narrativa para ser considerado "auténticamente solidario". Sin embargo, esta postura ignora los hechos:
"El genocidio no es un concepto flexible ni un término de moda. Requiere pruebas de intención específica de destruir a un grupo étnico, religioso o nacional como tal. Israel no cumple con esta definición, ni en sus acciones ni en sus declaraciones oficiales".
La presión para aceptar la narrativa genocida surge de grupos activistas que buscan excluir a quienes cuestionan el relato oficial. Pero la realidad es que:
- Israel ha permitido la entrada de ayuda humanitaria a Gaza.
- Ha facilitado evacuaciones en momentos clave.
- Ha evitado ataques en zonas donde se concentran civiles, a pesar del riesgo estratégico.
Estas acciones no encajan en un patrón genocida, sino en una guerra compleja donde el enemigo —Hamás— utiliza deliberadamente a la población civil como escudo humano.
Conclusión: ¿Qué dice el derecho internacional?
Para que un acto sea considerado genocidio, debe demostrarse:
- Intención específica: Demostrar que el objetivo es destruir a un grupo como tal.
- Acciones sistemáticas: Patrones de violencia dirigida contra civiles por su identidad.
- Contexto histórico: Comparación con casos reconocidos de genocidio (como el Holocausto o Ruanda).
En el caso de Gaza, ninguno de estos criterios se cumple. Israel no busca exterminar a los palestinos, sino neutralizar a Hamás, una organización que ha rechazado repetidamente los acuerdos de paz y utiliza a civiles como arma de guerra.
La acusación de genocidio, por tanto, no solo es infundada, sino que desvía la atención de las verdaderas responsabilidades: la de Hamás por su estrategia criminal y la de la comunidad internacional por no condenar su uso de civiles como escudos.