El paralelismo histórico: de Ortega a Orbán

En 1979, la revolución sandinista derrocó la dictadura de los Somoza en Nicaragua. El líder guerrillero Daniel Ortega, inspirado en el modelo cubano, se convirtió en un ídolo para la izquierda estadounidense, que viajó masivamente al país para apoyar su proyecto socialista. Más de 2.500 estadounidenses participaron en misiones de apoyo en 1983, según el Christian Science Monitor. Aunque la guerra fría impulsó la financiación de los Contras por parte de EE.UU., la admiración por Ortega persistió.

Hoy, la derecha estadounidense repite un patrón similar con Viktor Orbán. Su gobierno de 16 años, autodenominado 'iliberal', fue presentado como un modelo de conservadurismo frente a una Europa 'decadente'. Sin embargo, tras su derrota electoral, el movimiento conservador enfrenta un vacío ideológico.

Orbán, el ídolo que se desvanece

Orbán, descrito como un burócrata soviético más que como un revolucionario, encarnaba para la derecha estadounidense la promesa de un gobierno tradicionalista y anti-globalista. Su alianza con Vladimir Putin, su cercanía a regímenes autoritarios como China o Irán, y su control sobre los medios y el poder judicial fueron ignorados o justificados por sus admiradores.

El senador republicano Mitch McConnell criticó en Fox News esta fascinación:

"La Hungría de Orbán ha sido presentada como un oasis de tradicionalismo en una Europa liberal y decadente, pero es un mito. Es el caso perdido de la Unión Europea: sin crecimiento económico, con libertades menguantes y una corrupción a escala industrial".

McConnell advirtió sobre el peligro de normalizar el autoritarismo: "Aunque algunos acepten el empaquetamiento ilíberal, el capitalismo de amiguetes o la restricción de la libertad de expresión a cambio de su utopía social, deberían cuestionarse su admiración por dictadores".

La reacción de la derecha estadounidense

La derrota de Orbán ha generado divisiones en el movimiento conservador. Mientras algunos, como el presidente de la Heritage Foundation, Kevin Roberts, minimizaron las críticas tachándolas de proeuropeístas, otros reconocen el error de haber idealizado su modelo.

El nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, ha acusado a Orbán de desviar fondos públicos para financiar eventos como el CPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora) en EE.UU. Magyar prometió cortar este flujo de dinero estatal, según Politico.

¿Qué sigue para la derecha estadounidense?

La pregunta ahora es: ¿quién reemplazará a Orbán como referente? Algunos nombres suenan con fuerza:

  • Donald Trump: Su retórica antiestablishment y su alianza con figuras autoritarias lo convierten en un posible candidato.
  • Ron DeSantis: Gobernador de Florida, defiende un conservadurismo basado en la identidad nacional y la lucha contra la 'woke culture'.
  • Jair Bolsonaro: Expresidente de Brasil, admirador de Orbán, representa una alternativa más radical.

Sin embargo, la derrota de Orbán deja claro que el modelo ilíberal tiene límites. La derecha estadounidense deberá decidir si prioriza el pragmatismo o sigue abrazando el autoritarismo como vía para imponer su agenda.

Fuente: Reason