El zombi es uno de los monstruos más reconocibles del cine de terror: una criatura que devora carne humana, especialmente cerebros, y que se propaga como una plaga. Sin embargo, esta imagen fue popularizada por George A. Romero en su icónica película La noche de los muertos vivientes (1969), aunque el director nunca pretendió que sus criaturas fueran consideradas zombis en el sentido tradicional.
El zombi haitiano: una historia de opresión y resistencia
La directora Maya Annik Bedward, creadora del documental Black Zombie, que se estrenó en el festival SXSW, busca corregir esta distorsión. Su obra profundiza en los orígenes del mito, arraigados en la cultura haitiana y vinculados al vodú, una práctica espiritual que ha sido malinterpretada y estigmatizada.
«En Haití, todo el mundo conoce el concepto del zombi y su significado», explica Bedward en una entrevista con Den of Geek. «Las historias sobre zombis y zombificación son parte de la vida cotidiana. La zombificación está estrechamente relacionada con el vodú, que es una práctica espiritual cotidiana. Mientras que el vodú es una forma de vida, la zombificación se asocia a relatos sobre personas que ven zombis en los campos, vinculados a ideas de esclavitud».
Bedward aclara que, para los haitianos, el zombi no es simplemente una criatura que come cerebros, sino un símbolo de opresión histórica. «Los haitianos entienden perfectamente lo que significa el zombi para ellos, y la versión que el resto del mundo conoce no tiene nada que ver», señala. «Algunos saben cómo se transformó esta idea, pero otros no entienden cómo los estadounidenses llegaron a concebir un zombi que devora carne».
De la ignorancia a la revelación
La propia Bedward creció con la imagen del zombi como un monstruo sin propósito, un ser que se convierte en una plaga sin sentido. «Cuando era joven, el zombi era solo esa criatura que come carne, sin un significado real. Se convertía en zombi y empezaba a morder a otros, propagando la infección como una enfermedad», admite. «No fue hasta mis veintitantos años cuando descubrí la diferencia».
Bedward, de origen afrocaribeño, siempre ha sentido fascinación por la historia, las tradiciones y las culturas precoloniales. «Siempre quise entender mejor de dónde venimos, nuestra conexión con África Occidental, pero sin la lente colonial», comenta. «La gente suele decir que esta historia ya no existe, que ha sido borrada y que todo lo que se registra está contado desde una perspectiva occidental. Pero eso no es cierto».
«Hay rastros de nuestras tradiciones en la música, la comida y las prácticas espirituales que persisten en toda América. Me interesé por el vodú, la santería y el candomblé, pero cuando descubrí que el zombi está realmente conectado al vodú haitiano, me quedé impactada. No lo sabía, y esa revelación me impulsó a hacer una película sobre ello».
El legado colonial y la apropiación del mito
Para Bedward, la distorsión del zombi no es casualidad. Su investigación la llevó a William Seabrook, un escritor estadounidense que en 1929 publicó La isla mágica, un libro que documentaba el vodú haitiano y popularizó la idea del zombi como una criatura sobrenatural. Sin embargo, según Bedward, Seabrook tenía una agenda oculta.
«William Seabrook es un personaje muy interesante», afirma. «Afirmaba tener gran respeto por la fe, pero al mismo tiempo buscaba lucrarse, vendiendo libros y construyendo su imagen de 'aventurero'. Lo que realmente vio en Haití, nunca lo sabremos. También escribió en sus libros que...»
Un documental para recuperar la memoria
Black Zombie no solo desmonta los mitos coloniales sobre el zombi, sino que también reivindica su significado original. Bedward utiliza el cine como herramienta para devolver al zombi su contexto cultural y espiritual, lejos de la imagen comercializada por Hollywood.
«Quiero que la gente entienda que estas historias no son simples cuentos de terror, sino reflejo de una resistencia cultural», concluye. «El zombi haitiano es un símbolo de la lucha contra la esclavitud y la opresión, y merece ser contado con respeto».