Los ataques no han logrado su objetivo principal
Según evaluaciones de inteligencia estadounidense, los bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes en junio no han reducido significativamente la capacidad de Teherán para desarrollar armas atómicas. Aunque el conflicto se prolonga ya más de nueve semanas y ha costado al menos 25.000 millones de dólares, los informes internos indican que el programa nuclear iraní sigue en la misma línea que hace un año.
Una estrategia militar con resultados cuestionables
Antes de los ataques del 22 de junio —conocidos internamente como Operación Martillo Nocturno—, los analistas estadounidenses estimaban que Irán podía fabricar una bomba nuclear en un plazo de tres a seis meses. Tras los bombardeos, esta previsión se retrasó solo hasta los nueve meses o un año. Sin embargo, fuentes consultadas por Reuters aseguran que esta estimación sigue vigente.
La mayoría de los ataques posteriores, tanto de EE.UU. como de Israel, se han centrado en objetivos militares convencionales. Los expertos señalan que esta estrategia no es suficiente para debilitar las capacidades nucleares de Irán, que podrían requerir la destrucción o eliminación de su reserva de uranio altamente enriquecido (UAE).
El uranio enriquecido: un arsenal oculto
En 2018, Irán carecía del material necesario para fabricar una sola bomba nuclear, tres años después de que el presidente Barack Obama firmara el Acuerdo Nuclear con Irán, que limitaba sus reservas de uranio. Sin embargo, la situación cambió cuando Donald Trump retiró a EE.UU. del pacto e impuso duras sanciones económicas.
Para 2025, Irán había acumulado una reserva de 11 toneladas de uranio enriquecido, cuya ubicación exacta sigue siendo desconocida. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), esta cantidad podría producir hasta 10 bombas si se enriquece completamente.
Objetivos incumplidos y contradicciones políticas
Trump había declarado que su principal objetivo en la guerra era eliminar por completo las capacidades nucleares de Irán. Sin embargo, su administración ha sido inconsistente al informar sobre los avances de la misión. Tras la Operación Martillo Nocturno, el gobierno afirmó que el programa nuclear iraní se había retrasado «varios años».
No obstante, en marzo, el exdirector del Centro Nacional de Lucha contra el Terrorismo, Joe Kent, dimitió en protesta. En su carta de renuncia, Kent escribió que no podía «con la conciencia tranquila» apoyar la guerra, ya que Irán «no representaba una amenaza inminente» para EE.UU.
«La estrategia militar actual no está funcionando. Si el objetivo es detener el programa nuclear iraní, se necesitan medidas más contundentes», declaró un analista de seguridad bajo condición de anonimato.
Consecuencias regionales y globales
El conflicto ha debilitado alianzas estratégicas, paralizado el comercio global y desencadenado una crisis energética debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz. Miles de personas han perdido la vida en el enfrentamiento, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el estancamiento de las negociaciones.