El diablo ya no viste Prada: la moda se reinventa en la secuela
En 'El diablo viste de Prada 2', Miranda Priestly (Meryl Streep) deja de ser el personaje déspota y caprichoso que marcó el cine hace 20 años. Ahora, el verdadero villano es la cultura de internet, con sus algoritmos, sus polémicas virales y su capacidad para destruir reputaciones en segundos. La moda, por su parte, se ha transformado: ya no es ese círculo cerrado y elitista, sino un espacio más inclusivo y consciente.
Un mundo donde el poder ya no es de los creativos
La película, que llega a los cines en 2026, refleja un cambio generacional. Andy Sachs (Anne Hathaway), ahora una periodista respetada, regresa a Runway como nueva editora de contenidos para salvar la revista de su venta a un magnate tecnológico al estilo Jeff Bezos. Pero el desafío es enorme: debe equilibrar el rigor periodístico con el engagement en redes sociales, donde el contenido efímero y viral reina.
Mientras tanto, Miranda lucha por adaptarse a un mundo donde conceptos como body positivity o la inclusión son prioritarios. La sátira ya no está en los trajes de diseñador, sino en cómo la moda y los medios se rinden ante los presupuestos publicitarios y las tendencias efímeras.
La moda en la secuela: de Chanel a las zapatillas de A$AP Rocky
El vestuario de la película, firmado por Matthieu Blazy (primera colección resort de Chanel), mezcla elegancia clásica con toques modernos. Destacan las zapatillas baby de Chanel que lució A$AP Rocky, un guiño a la fusión entre lujo y cultura urbana. Además, la apertura de The Swan House, la nueva boutique de Tony Ferreira en Beverly Hills, y el apoyo de figuras como Paris Hilton y Mariah Carey a la moda sostenible, refuerzan el mensaje de evolución en el sector.
Crítica social con menos mordacidad, pero igual de incisiva
Aunque la secuela pierde parte del humor ácido de la primera película —con menos tiradas memorables de Miranda—, gana en profundidad. La trama aborda temas como el periodismo en la era digital, los abusos laborales en la moda rápida (inspirada en Shein) y la lucha por mantener la integridad en un mundo dominado por los clics y los likes.
Como espectador, es inevitable comparar ambas películas: si la original era un reflejo de los excesos de la moda en los 2000, esta secuela captura la ansiedad de una industria —y una sociedad— obsesionada con la inmediatez y la viralidad. Eso sí, con un mensaje claro: el diablo ya no lleva Prada, sino zapatillas de deporte.
Fashion, tecnología y el nuevo orden en Hollywood
La película también sirve como termómetro de cómo Hollywood está lidiando con el cambio de paradigma. Los cameos de marcas como Dior o Dolce & Gabbana son más sutiles que en otras producciones, pero reflejan la realidad de un sector donde los presupuestos y los anunciantes dictan las reglas. Incluso Emily Blunt, que repite como Emily Charlton, ahora trabaja en Dior, mostrando cómo las carreras en la moda han evolucionado.
En definitiva, 'El diablo viste de Prada 2' no es una comedia al uso, sino una reflexión sobre el poder, la ética y la adaptación en tiempos de internet. Y aunque Miranda Priestly siga siendo un icono, su batalla ya no es contra las asistentes, sino contra un sistema que premia la viralidad sobre la calidad.
"La moda ya no es el demonio; el demonio es internet, con sus algoritmos que deciden qué es noticia y qué no lo es".