Las emisiones de metano en zonas urbanas representan aproximadamente un 10% del total global, según un análisis reciente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Sin embargo, entre 2020 y 2023, estas emisiones aumentaron un 10%, a pesar de los compromisos asumidos por las ciudades para reducirlas.
El metano es un gas de efecto invernadero hasta 80 veces más potente que el CO₂ en términos de calentamiento a corto plazo. Aunque las principales fuentes de metano incluyen la industria del petróleo y gas, la agricultura y los vertederos, las ciudades también contribuyen significativamente debido a su infraestructura y servicios.
«Las ciudades han comenzado a implementar medidas para reducir sus emisiones de metano, y esperamos poder monitorear su progreso», declaró Erica Whiting, estudiante de posgrado en Ciencias Climáticas y Espaciales de la Universidad de Michigan. Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre emisiones urbanas de metano se basaban en mediciones terrestres o inventarios basados en actividades, limitándose a un número reducido de ciudades, principalmente en Norteamérica y Europa.
El equipo de Whiting ha dado un paso adelante al utilizar datos satelitales para evaluar las emisiones de metano en 92 ciudades de todo el mundo, incluyendo 51 miembros de la coalición C40. Esta organización, fundada en 2005, agrupa a 96 países con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% para 2030, incluyendo una disminución del 34% en las emisiones de metano, alineándose con el límite de 1,5°C de calentamiento global.
Los datos satelitales revelan un aumento preocupante
El estudio analizó datos del instrumento satelital TROPOMI (Tropospheric Monitoring Instrument), lanzado en 2017, que permite medir de forma continua las concentraciones de metano en la atmósfera. Los resultados mostraron una reducción inicial entre 2019 y 2020, pero entre 2020 y 2023, las emisiones aumentaron un 10% en las ciudades del C40 y un 12% en las no pertenecientes a la coalición.
«No podemos determinar con exactitud las causas de este incremento», admitió Whiting. Sin embargo, señala que el crecimiento poblacional en las áreas urbanas durante el período de estudio podría ser un factor clave. «En la mayoría de las regiones, el aumento de la población suele ir acompañado de una mayor demanda de servicios, infraestructura y recursos, lo que podría explicar parte del incremento», explicó.
Un desafío global con soluciones locales
El estudio destaca que, aunque las ciudades están implementando estrategias para reducir sus emisiones, muchas no están cumpliendo con sus objetivos. La falta de datos precisos y continuos dificulta la evaluación del impacto real de estas medidas. Los satélites, como TROPOMI, ofrecen una solución prometedora al proporcionar mediciones globales y a largo plazo, permitiendo un seguimiento más efectivo de los avances.
«Es fundamental que las ciudades identifiquen y aborden las fuentes específicas de metano en sus áreas metropolitanas y perimetrales», subrayó Whiting. Entre estas fuentes se incluyen vertederos, plantas de tratamiento de aguas residuales e infraestructuras de gas natural con fugas, que suelen ubicarse en las afueras de los núcleos urbanos.
«Las ciudades tienen un papel crucial en la lucha contra el cambio climático, pero para lograrlo, necesitan datos precisos y herramientas efectivas que les permitan tomar decisiones informadas.» — Erica Whiting, Universidad de Michigan