Una cámara de lectura automática de matrículas (ALPR) instalada cerca de un Walmart en Estados Unidos no parece, a primera vista, una noticia relevante. Las autoridades suelen presentar estos dispositivos como herramientas para combatir el crimen: localizar personas desaparecidas, vehículos robados o sospechosos buscados. Para muchos, esta justificación puede ser suficiente. Sin embargo, el verdadero problema no radica en un solo dispositivo, sino en la expansión silenciosa de la vigilancia vehicular más allá de los cuerpos policiales.

La vigilancia de matrículas ya no es solo cosa de la policía

En los últimos años, grandes cadenas como Lowe’s, Walmart y Home Depot han implementado sistemas ALPR en sus aparcamientos en varios estados del país. Estas empresas utilizan la misma tecnología que emplean las agencias de seguridad, y en algunos casos, incluso otorgan acceso directo a los datos a los departamentos de policía. La diferencia clave, sin embargo, radica en la transparencia.

Las fuerzas de seguridad suelen operar bajo políticas públicas que regulan cómo se almacenan, comparten y acceden a estos datos. Aunque estas normas varían según la jurisdicción y a menudo se incumplen, al menos existen. En cambio, las empresas privadas rara vez están sujetas a los mismos requisitos de registros públicos. Esto significa que los ciudadanos desconocen con frecuencia durante cuánto tiempo se retienen sus datos vehiculares, quién puede acceder a ellos o si se comparten con terceros.

«No tenemos una idea clara de cómo las empresas privadas que poseen esta tecnología utilizan los datos, cuánto tiempo los conservan o con quién los comparten. Es, en esencia, una caja negra».

Ken Barone, responsable del Proyecto de Prohibición de Perfilación Racial de la Universidad de Connecticut, en declaraciones a CT Insider.

Riesgos de un sistema sin supervisión

Esta falta de transparencia se vuelve aún más preocupante cuando se considera que los sistemas ALPR ya han sido objeto de polémicas por su mal uso dentro de las propias fuerzas de seguridad. En los últimos años, diversas investigaciones han destapado casos de búsquedas cuestionables, accesos indebidos a bases de datos y el empleo de redes nacionales de lectores de matrículas con fines que, según los críticos, exceden su propósito original.

No obstante, es justo reconocer que estas tecnologías también tienen usos legítimos. Las empresas argumentan que los ALPR ayudan a combatir el robo organizado, recuperar vehículos sustraídos y mejorar la seguridad de los clientes. Por su parte, los departamentos policiales destacan su eficacia para resolver delitos con mayor rapidez que los métodos tradicionales de investigación.

Una expansión descontrolada

La tecnología se está extendiendo a un ritmo acelerado, mientras que la supervisión no logra mantener el mismo paso. Cámaras que antes se limitaban a autopistas y peajes ahora aparecen en centros comerciales, complejos residenciales y supermercados. Y lo más probable es que tu coche haya sido escaneado más veces de las que imaginas.

Por ahora, herramientas como Deflock.me y HaveIBeenFlocked.com ofrecen a los ciudadanos cierta visibilidad sobre la red de ALPR. Sin embargo, si la industria de la vigilancia continúa expandiéndose en Estados Unidos, estas plataformas podrían verse desbordadas en el futuro.

Fuente: CarScoops