Los estadounidenses pasan más tiempo en casa, pero muchos han dejado de conocer a sus vecinos. Esta tendencia es especialmente marcada entre los jóvenes, que cada vez interactúan menos con quienes viven a pocos metros de distancia.

La desconexión vecinal en cifras

Según un informe del American Enterprise Institute (AEI), en 2012 el 51% de los jóvenes estadounidenses mantenía contacto regular con sus vecinos. Hoy, esa cifra se ha desplomado hasta el 25%. En contraste, el 56% de los mayores de 65 años aún socializa con sus vecinos, aunque también ha disminuido un 7% desde 2012.

En términos generales, en 2012 el 59% de los estadounidenses charlaba con sus vecinos varias veces por semana. Para 2025, esa cifra ha caído al 41%.

¿A qué se debe este cambio?

Daniel Cox, director del Survey Center on American Life y principal investigador del informe, señala a la tecnología como uno de los principales factores. «En generaciones anteriores, si pasabas demasiado tiempo en casa, acababas volviéndote loco y salías a buscar compañía», explica. Hoy, las viviendas se han convertido en «búnkeres de entretenimiento» donde se puede ver series, navegar por internet, pedir comida o seguir recomendaciones sin necesidad de llamar a la puerta del vecino.

«La independencia es empoderadora, pero tiene un lado pernicioso. Está cambiando la cultura sobre lo que esperamos de los demás, especialmente de nuestros vecinos», advierte Cox.

El impacto en los jóvenes

Los jóvenes son más propensos a mudarse a ciudades nuevas, vivir entre desconocidos y cambiar de residencia con frecuencia. Mientras que alguien que lleva décadas en una comunidad tiene tiempo para construir relaciones, los más jóvenes carecen de esa base.

Cox también destaca que la pandemia y el auge del teletrabajo han privado a los jóvenes de interacciones cotidianas que, en otras épocas, les habrían ayudado a desarrollar habilidades sociales y sentido de pertenencia. «Si negamos a los jóvenes estas oportunidades, no podemos esperar que aprendan por sí mismos», señala.

Religión y comunidades digitales

El informe también señala que la asistencia regular a servicios religiosos fomenta la conexión comunitaria, pero la Generación Z es cada vez menos religiosa que las generaciones anteriores. En su lugar, muchos jóvenes buscan refugio en comunidades digitales, aunque Cox advierte que estas ofrecen «amistades limitadas» en comparación con el apoyo real que brindan los vecinos.

«Un amigo online no puede regar tus plantas cuando te vas de vacaciones, ayudarte a mover muebles o cuidar a tu perro. Las comunidades digitales son más frágiles: cuando el interés por un juego o un hobby desaparece, también lo hacen las amistades que se construyeron en torno a él», explica. En cambio, los lazos vecinales se fortalecen a través de escuelas compartidas, aceras y situaciones de emergencia.

Consecuencias: aislamiento y polarización

La pérdida de interacciones vecinales podría estar contribuyendo a la polarización política en EE.UU. Las comunidades online permiten a los usuarios filtrar lo que ven y escuchan, lo que dificulta el entendimiento mutuo en una sociedad diversa.

«Eso no es construir comprensión. No es así como se aprende a vivir en una sociedad plural y multicultural. Las personas tienen experiencias distintas según su raza, género o religión, y necesitamos espacios donde esas diferencias se encuentren», afirma Cox.

¿Qué podemos esperar?

El estudio del AEI sugiere que, si no se revierte esta tendencia, la desconexión vecinal podría profundizar el aislamiento social y la fragmentación comunitaria. Fomentar interacciones cotidianas, incluso en entornos digitales, podría ser clave para recuperar el sentido de comunidad.

Fuente: Axios