El fiscal Barr investigó sin éxito supuestas irregularidades electorales

En diciembre de 2020, en plena controversia por los resultados de las elecciones presidenciales, el entonces fiscal general de EE.UU., William Barr, convocó a un grupo de expertos en una sala segura del Departamento de Justicia en Washington. El objetivo era evaluar las afirmaciones de Donald Trump sobre un supuesto fraude masivo en los comicios.

Según fuentes presentes en la reunión o informadas sobre ella, Barr reunió a alrededor de diez especialistas, entre ellos agentes del FBI y técnicos de la Agencia de Ciberseguridad e Infraestructura (CISA). Durante horas, los expertos desmontaron las teorías conspirativas del expresidente, especialmente la vinculada a un error en el condado de Antrim, Michigan, donde se atribuyó a un fallo técnico el cambio de votos de Trump a Joe Biden.

Un error humano, no fraude electoral

Los técnicos de CISA, respaldados por el FBI, explicaron que el problema en Michigan se debió a un error administrativo al actualizar los sistemas de votación. Este fallo inicial, que redirigió votos de republicanos a demócratas, fue corregido y confirmado mediante un recuento manual de papeletas. No hubo manipulación, solo un descuido humano.

Barr, quien no respondió a solicitudes de comentarios, había intentado mantener un equilibrio entre las exigencias de Trump y la evidencia disponible. Aunque el fiscal había ordenado investigar denuncias de irregularidades, públicamente declaró que no existían pruebas de fraude generalizado.

La dimisión de Barr: un acto de resistencia institucional

Tras escuchar los informes, Barr comprendió que informar a Trump de la verdad podría costarle su cargo. Al finalizar la reunión, hizo un gesto simbólico —como si se anudara un pañuelo— y anunció que iría a la Casa Blanca a presentar su dimisión. Dos días después, el 14 de diciembre, se reunió con Trump en el Despacho Oval.

El expresidente, obsesionado con la teoría del fraude, insistió en que los hechos en Michigan eran “prueba absoluta” de que la elección había sido robada. Barr, tras escuchar el monólogo de Trump, le expuso los hallazgos de los expertos. La reacción del mandatario fue inmediata: aceptó la dimisión de Barr, quien abandonó el cargo convencido de haber salvado las normas democráticas.

«Había hecho mi parte para preservar las normas democráticas», declaró Barr tras su renuncia.

Las consecuencias de la presión de Trump sobre las elecciones

Este episodio, revelado por ProPublica a través de fuentes internas, ilustra el grado de interferencia del expresidente en los procesos electorales posteriores a su derrota. Aunque Barr logró evitar un daño mayor a la integridad del sistema, su salida marcó un precedente en la politización de instituciones clave.

La reunión de diciembre de 2020 no solo expuso la fragilidad de las teorías conspirativas, sino también la determinación de algunos funcionarios por resistir las presiones políticas, incluso a costa de su puesto.

Fuente: ProPublica