El expresidente Donald Trump podría convertir a Spirit Airlines, una de las aerolíneas peor valoradas de Estados Unidos, en la bandera nacional del transporte aéreo. La compañía, especializada en tarifas ultrabaratas y conocida por su servicio deficiente, se encuentra al borde de la quiebra y podría ser liquidada en los próximos meses.
Spirit Airlines ya ha presentado dos solicitudes de protección por bancarrota (Capítulo 11) en menos de un año. Ahora, su supervivencia está en riesgo debido al aumento del precio del combustible, impulsado en parte por la guerra de Trump en Irán. Según estimaciones, este factor elevará los costes de la aerolínea en unos 360 millones de dólares en 2025, una cifra imposible de compensar con billetes desde 40 dólares.
Ante este escenario, la administración Trump baraja una solución radical: un rescate con fondos públicos. Fuentes cercanas al gobierno revelan que se estudia inyectar 500 millones de dólares de dinero de los contribuyentes a cambio de una participación mayoritaria en la compañía, hasta un 90% de las acciones.
«Estamos considerando ayudarles, es decir, rescatarlos. O comprarlos», declaró Trump el jueves desde el Despacho Oval. «Lo compraríamos virtualmente sin deuda. Tienen aviones y activos interesantes. Cuando el precio del petróleo baje, lo venderíamos con beneficios. Me encantaría salvar esos empleos y esa aerolínea. Me gusta tener muchas aerolíneas para que haya competencia».
Sin embargo, expertos cuestionan la viabilidad de este plan. En 2022, JetBlue intentó adquirir Spirit sin éxito, ya que su interés se centraba en los pilotos y los aviones, no en el modelo de negocio de la aerolínea. Además, los aviones de Spirit destacan por sus asientos no reclinables y el mínimo espacio para las piernas, características poco atractivas para un servicio premium.
La posible compra por parte del gobierno federal plantea dudas sobre su rentabilidad a largo plazo. Trump argumenta que podría vender la aerolínea con ganancias una vez se estabilicen los precios del combustible, pero analistas señalan que el modelo de negocio de Spirit —basado en recortes extremos— dificulta su viabilidad incluso en condiciones favorables.
Mientras tanto, los pasajeros siguen sufriendo las consecuencias: retrasos frecuentes, cancelaciones y un servicio al cliente ampliamente criticado. ¿Será este rescate una solución para los viajeros o simplemente otro ejemplo de cómo los fondos públicos terminan cubriendo los errores de gestión privada?