Silvana Toska, profesora de ciencias políticas en Carolina del Norte, disfrutaba de una tarde en el parque con sus hijas cuando sintió un pinchazo en el tobillo. Lo que en un principio parecía una simple picadura de mosquito se convirtió en una reacción alérgica grave que la obligó a buscar atención médica inmediata.
«Parecía un mosquito, nada importante. Me rasqué y, de repente, empecé a sentir picor por todo el cuerpo», relató Toska. Al no poder ver con claridad en la oscuridad, su marido iluminó con el móvil la zona afectada y descubrió que estaba cubierta de ronchas. Además, notó una presión en el pecho que la alarmó.
La familia acudió rápidamente a un centro de urgencias, donde un médico diagnosticó un shock anafiláctico, una reacción alérgica potencialmente mortal que requiere atención inmediata. «Me llevaron a una sala sin ni siquiera registrarme, comprobaron que mi presión arterial era baja y me administraron dos inyecciones de epinefrina y suero intravenoso», explicó Toska. Los síntomas remitieron, pero el médico insistió en que debía ser monitorizada en un servicio de urgencias durante al menos dos horas por si la reacción reaparecía.
Minutos después, Toska se encontraba en una camilla del hospital Atrium Health Lake Norman. Un médico, al que describió como «muy amable», la atendió durante menos de cinco minutos, mientras una enfermera le administraba medicación a través del suero colocado en urgencias. «Estaba agotada, pero mis hijas estaban asustadas. Intenté distraerlas jugando con ellas», comentó. Tras hora y media, la familia regresó a casa. «No pasó nada más en urgencias», aseguró Toska.
Sin embargo, días después llegó la factura.
El coste de la atención médica
El sistema hospitalario cobró a su aseguradora, Blue Cross Blue Shield de Carolina del Norte, un total de 6.746,50 € por la atención en urgencias. De esta cantidad, 6.445,60 € correspondían a cargos por 'cuidados críticos', mientras que el famotidina (un medicamento para las alergias) supuso solo 20,60 €. Toska, que aún no había alcanzado su franquicia anual, tuvo que asumir un copago de 150 € y una cantidad adicional de 3.100,24 € por los servicios prestados.
«Pagar 3.100 € por estar sentada en urgencias entreteniendo a mis hijas durante hora y media me parece increíble», declaró Toska. La polémica surge por el uso del término 'cuidados críticos', que en este caso se aplicó a una observación rutinaria de una reacción alérgica controlada.
¿Qué son los 'cuidados críticos'?
En Estados Unidos, los proveedores médicos utilizan un sistema de codificación uniforme para facturar los servicios. El código 99291, asociado a los 'cuidados críticos', se aplica a pacientes que requieren evaluación y gestión de problemas médicos potencialmente mortales. Sin embargo, en el caso de Toska, la atención no incluyó procedimientos complejos ni monitorización intensiva, sino una simple observación.
«No entiendo por qué se me cobró por cuidados críticos si solo estuve en observación», afirmó. Expertos en facturación médica señalan que este tipo de cargos pueden ser abusivos y reflejan la opacidad en los precios de los servicios sanitarios en EE.UU.
El impacto en los pacientes
Casos como el de Toska ponen de manifiesto los desafíos a los que se enfrentan los pacientes en el sistema sanitario estadounidense, donde las facturas pueden alcanzar cifras desorbitadas incluso por tratamientos aparentemente sencillos. La falta de transparencia en los costes y la aplicación de códigos de facturación ambiguos generan confusión y desconfianza entre los usuarios.
Toska, que ya había superado el susto inicial, ahora se enfrenta a una deuda médica que considera desproporcionada. «Solo quería asegurarme de que mis hijas estaban a salvo. Nunca imaginé que esto me costaría tanto», concluyó.