El mercado de los motores diésel para camiones pesados está lleno de rumores. Desde la llegada de nuevos fabricantes hasta la legalización de sistemas de eliminación de emisiones, la especulación nunca cesa. Sin embargo, uno de los más repetidos apunta a la posible llegada de motores Cummins, Duramax o Power Stroke de mayor cilindrada en las próximas generaciones de pickups de Ram, GM y Ford.

Para aclarar estas hipótesis, hemos consultado a los ingenieros que desarrollan estos motores: ¿tiene sentido aumentar la cilindrada? Aunque algunos defienden que un mayor desplazamiento podría aumentar la potencia sin comprometer las emisiones, la realidad es más compleja.

La teoría sugiere que motores más grandes, al operar a menor estrés, podrían generar más potencia sin depender tanto de sistemas como los filtros de partículas diésel o el fluido de escape diésel (DEF) para reducir óxidos de nitrógeno (NOx). Sin embargo, aunque hay cierto fundamento en esta idea, no es una solución mágica.

Motores diésel: ¿Por qué no han crecido en cilindrada?

Las tres grandes marcas estadounidenses han mantenido sus motores diésel en un rango de cilindrada similar durante años. Ford utiliza desde 2011 un motor de 6,7 litros en sus Super Duty. Ram aumentó su motor de 5,9 a 6,7 litros en 2007.5, mientras que GM apostó por un 6,6 litros desde la introducción del Duramax en 2001. A pesar de no haber modificado su tamaño, han logrado incrementar notablemente su potencia.

Por ejemplo, el primer Power Stroke de 6,7 litros de Ford generaba 400 CV y 800 lb-pie de par. Actualmente, su versión de alto rendimiento alcanza los 500 CV y 1.200 lb-pie. Un salto impresionante, especialmente si se considera que lo han logrado cumpliendo con normativas de emisiones cada vez más estrictas.

Esto es posible gracias a sistemas de postratamiento más eficientes, como la reducción catalítica selectiva (SCR), que utiliza DEF para minimizar las emisiones. Rob Moran, ingeniero jefe adjunto de Duramax en GM, lo explica así: «Si comparamos los niveles de emisiones actuales con los de hace 10 años, no solo generamos más potencia, sino que cumplimos con límites más bajos de emisiones. La clave está en un sistema de postratamiento muy eficiente. Antes, sin filtros de partículas ni SCR, lo que salía del motor iba directamente al escape».

¿Por qué no aumentar la cilindrada?

Ante la pregunta de si un motor más grande sería beneficioso, Moran mostró escepticismo. «Siempre hay compensaciones», señala. «Cuanto menos contaminantes emita el motor, menos tendrá que trabajar el sistema de postratamiento. Pero hoy en día, estos sistemas son muy eficientes». De hecho, afirma que capturan entre el 90% y el 95% de las emisiones de NOx.

La temperatura es otro factor clave. Para un rendimiento óptimo, estos sistemas deben operar en un «punto dulce» que permita una máxima conversión de NOx sin dañar los componentes. En este sentido, un motor más grande no necesariamente garantiza una mejora en las emisiones, ya que su eficiencia depende de múltiples factores, no solo de su tamaño.

En conclusión, aunque los rumores sobre motores diésel más grandes persistan, los expertos coinciden en que la innovación en sistemas de postratamiento y la optimización de motores existentes son el camino más viable para cumplir con las exigencias actuales y futuras.

Fuente: The Drive