El gobierno chino ha vuelto a demostrar su estrategia para limitar la influencia tecnológica de Estados Unidos. Esta semana, las autoridades bloquearon la adquisición de Manus, una startup de inteligencia artificial (IA) especializada en agentes autónomos capaces de realizar tareas complejas, por parte de Meta. La operación, valorada en 2.000 millones de dólares y anunciada en diciembre de 2023, prometía integrar una de las tecnologías más avanzadas en IA con la infraestructura global de Meta.

Sin embargo, el Ministerio de Comercio chino inició en enero una investigación regulatoria, amparándose en una normativa que exige el cumplimiento de leyes locales en operaciones transfronterizas de inversión, transferencia de datos y fusiones. Finalmente, el pasado lunes, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma —encargada de la revisión de seguridad en inversiones extranjeras— ordenó deshacer el acuerdo. Manus, fundada en China pero trasladada a Singapur en 2023 para facilitar su crecimiento, contaba con el respaldo implícito de las autoridades chinas.

Este no es un caso aislado. En 2023, China también frenó la compra de Tower Semiconductor por parte de Intel, valorada en 5.400 millones de dólares, tras retrasar durante 18 meses la aprobación de la fusión. La estrategia china busca consolidar su dominio en sectores clave, como semiconductores y IA, mediante el control de adquisiciones extranjeras.

Occidente se debilita con políticas antimonopolio contraproducentes

Mientras China protege a sus empresas con regulaciones estratégicas, Occidente —especialmente Estados Unidos— parece actuar en sentido contrario. Un ejemplo revelador es el caso de iRobot, fabricante de los populares robots aspiradora Roomba. En agosto de 2022, Amazon ofreció comprar la compañía, que enfrentaba una fuerte competencia de fabricantes chinos respaldados por el Estado y cuya valoración bursátil había caído a la mitad desde 2021.

Pese a la precaria situación financiera de iRobot y a la falta de pruebas claras de perjuicio a la competencia, la Comisión Federal de Comercio (FTC) de EE.UU., liderada entonces por Lina Khan —conocida por su postura crítica contra Amazon—, abrió una investigación en septiembre de 2022. Ante la amenaza de una demanda y la presión adicional de la Comisión Europea, Amazon retiró su oferta de 1.400 millones de dólares en enero de 2024. El resultado fue catastrófico para iRobot: despidió al 31% de su plantilla y, en diciembre de 2025, acumulaba cientos de millones en deudas antes de declararse en quiebra. Finalmente, en enero de 2026, fue adquirida por Shenzhen Picea Robotics, una empresa china de robótica.

Hoy, iRobot opera como subsidiaria de una firma china, un giro irónico que ilustra las consecuencias de una política antimonopolio que, en lugar de proteger la competencia, debilita a las empresas occidentales frente a sus rivales.

¿Qué debería hacer Occidente?

La lección es clara: China avanza en su dominio tecnológico mediante el control de adquisiciones, mientras que Occidente, en su afán por regular a las grandes tecnológicas, termina beneficiando indirectamente a sus adversarios. En lugar de aplicar políticas antimonopolio basadas en el principio de que "lo grande es malo", los reguladores occidentales deberían:

  • Fomentar la innovación y la competencia real, en lugar de perseguir a empresas que podrían fortalecer el ecosistema tecnológico.
  • Adoptar políticas proactivas que protejan a las empresas nacionales sin caer en el proteccionismo, evitando que caigan en manos de competidores extranjeros.
  • Revisar las regulaciones antimonopolio para que no se conviertan en herramientas que debiliten a las propias empresas occidentales frente a rivales como China.

El caso de iRobot es un recordatorio de que, en la carrera tecnológica global, las políticas equivocadas pueden tener consecuencias irreversibles. Occidente debe actuar con urgencia para evitar repetir los mismos errores.

Fuente: Reason