Dos tercios de los ciudadanos estadounidenses consideran que el presidente Donald Trump no explicó con claridad los objetivos de la guerra con Irán, según una encuesta publicada el lunes por Reuters e Ipsos. El sondeo también revela que dos tercios de la población responsabiliza al Partido Republicano del incremento en los precios de la gasolina, provocado por los combates en el estratégico Golfo Pérsico.

Este estudio se suma a una larga lista de encuestas que reflejan el rechazo de la opinión pública estadounidense a un conflicto que, además, no ha contado con su apoyo desde el inicio. La administración Trump parece ser consciente de este descontento. El conflicto se inició de manera sorpresiva un viernes por la noche, y tras el alto el fuego pactado a mediados de abril, el gobierno argumentó que el Congreso ya no tenía capacidad de decisión bajo la Ley de Poderes de Guerra, al considerar que el reloj se había reiniciado.

Animado por el rápido éxito de su intervención en Venezuela, Trump llegó a afirmar —tanto en público como en privado— que la guerra con Irán duraría solo un fin de semana. ¿Para qué justificar una acción si esta terminaría antes de que la ciudadanía pudiera reaccionar? Desde entonces, el mandatario ha insistido en que el público debe esperar antes de emitir juicios. Sin embargo, lejos de concluir con el alto el fuego, el conflicto ha derivado en una confrontación de baja intensidad pero persistente. Mientras ambas partes negocian los términos de futuros acuerdos, siguen intercambiando disparos en el Estrecho de Ormuz.

«No me presionen», declaró Trump a los medios el mes pasado, poco después de entrar en vigor el cese de hostilidades. «Estuvimos en Vietnam dieciocho años. En Irak, muchos más. No quiero mencionar la Segunda Guerra Mundial, porque fue enorme, pero estuvimos casi cinco años en ella. La Guerra de Corea duró siete años. Yo llevo seis semanas en esto».

Incluso entre los sectores más favorables a la intervención, crece la frustración. Semanas después de iniciado el conflicto, la revista The Atlantic lo definió como «una guerra entre la impaciencia de una democracia y la resistencia implacable de una teocracia». En lugar de señalar al gobierno estadounidense por no lograr apoyo para la guerra, el autor Karim Sadjadpour pareció culpar a los ciudadanos por no respaldar a sus líderes.

Durante décadas, existió un pacto no escrito entre los halcones belicistas y la sociedad estadounidense: los primeros podían librar las guerras que deseaban sin consultar a la población, siempre que no exigieran grandes sacrificios a esta. La guerra con Irán ha roto ese acuerdo social. Los halcones arrastraron al país a un conflicto más extenso y exigente, esperando el mismo consentimiento pasivo de siempre. Ni siquiera las dictaduras libran guerras de esta manera.

Los regímenes unipartidistas y personalistas invierten grandes esfuerzos en propaganda bélica para movilizar a la población. Sus ciudadanos pueden no tener derecho al voto, pero esos gobiernos tampoco pueden exigir sacrificios sin ofrecer explicaciones. Con el tiempo, enfrentan graves consecuencias por forzar demasiado a la sociedad. Al fin y al cabo, el esfuerzo bélico de EE.UU. se basó en...

Fuente: Reason