El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un aumento de los aranceles a los coches importados desde la Unión Europea, pasando del 15% actual al 25% a partir de la próxima semana. Según Trump, esta decisión responde al "incumplimiento" de los acuerdos comerciales por parte de la UE, aunque no especificó qué cláusulas no se han cumplido.
El mandatario instó a los fabricantes europeos a trasladar su producción a EE.UU. para evitar los nuevos gravámenes. Muchos ya lo hacen: marcas como BMW, Mercedes, Volvo y Volkswagen operan grandes plantas en el país. Además, el grupo Volkswagen está construyendo una nueva fábrica en Blythewood (Carolina del Sur) para fabricar el Scout Terra y el Traveler SUV.
Aunque no está claro si Trump llevará a cabo la amenaza, Reuters confirmó que el aumento del 10% entrará en vigor. El presidente justificó la medida afirmando que generará miles de millones de dólares para EE.UU. y obligará a las marcas europeas a acelerar la producción local. Sin embargo, los costes adicionales recaerán en los consumidores, y construir una fábrica desde cero puede tardar años.
Las empresas con instalaciones ya operativas podrían adaptarse más rápido. Ejemplos recientes incluyen a Volvo, que añadirá el modelo XC60 a su planta de Ridgeville (Carolina del Sur) este año, y Mercedes, que comenzará a fabricar el GLC en su planta de Tuscaloosa (Alabama).
La decisión parece una respuesta a las tensiones comerciales con Europa. Trump ha criticado a la UE por no apoyar la guerra en Irán y por la lentitud en la implementación de un acuerdo comercial impopular, cuya finalización se prevé para junio como mínimo.
La medida ha provocado la indignación de los líderes europeos, que la tacharon de "inaceptable" y acusaron a EE.UU. de ser un socio "poco fiable". Algunos sugieren que la UE debería responder con aranceles retaliatorios y gravar a gigantes tecnológicos estadounidenses.