El pasado mes de abril, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, cumplió una de sus promesas electorales al anunciar un nuevo impuesto dirigido a los propietarios de viviendas de lujo no utilizadas como residencia principal. En un vídeo viral publicado en redes sociales, Mamdani declaró: «Cuando me presenté a las elecciones, dije que iba a gravar a los ricos. Hoy lo estamos haciendo».

La medida, conocida como impuesto a las segundas residencias de lujo, afecta a propiedades valoradas en más de 5 millones de dólares que no son la vivienda habitual de sus dueños. Para ilustrar su propuesta, Mamdani eligió como escenario el ático de 239 millones de dólares que el magnate Kenneth Griffin compró en 2019 en Manhattan, la venta inmobiliaria más cara de la historia de Estados Unidos.

Sin embargo, Griffin no recibió con agrado esta elección. En una entrevista reciente con CNBC, el CEO de Citadel criticó duramente la iniciativa de Mamdani, calificando la grabación frente a su residencia como «de muy mal gusto». Además, advirtió que el nuevo impuesto podría ahuyentar a los grandes contribuyentes de Nueva York, beneficiando a estados como Florida, donde no existe el impuesto sobre la renta.

Miami, la nueva capital empresarial de EE.UU.

Griffin argumentó que el impuesto de Mamdani es discriminatorio y que podría poner en riesgo inversiones millonarias en la ciudad. Citó como ejemplo la posible cancelación de un proyecto de 6.000 millones de dólares de Citadel para construir una torre de oficinas en Park Avenue, aunque aclaró que aún no se ha tomado una decisión definitiva.

«¿Van a aplicar un tipo impositivo especial a quienes son dueños de edificios de oficinas pero viven fuera del estado?», cuestionó Griffin. «¿Hasta dónde llegará esto en Nueva York?».

Como respuesta, el magnate anunció que acelerará la expansión de su empresa en Miami, donde ya ha invertido en un nuevo edificio corporativo. «Hemos añadido cientos de miles de metros cuadrados de espacio en nuestra nueva sede», declaró. «A consecuencia directa de esta decisión del alcalde, crearemos muchos más empleos en Miami en la próxima década».

Griffin también advirtió que el 1% de los contribuyentes de Nueva York aporta el 40% de los ingresos por impuestos estatales, una cifra que, según él, sitúa a la ciudad en una posición vulnerable si no frena su política fiscal contra los grandes contribuyentes.

«La izquierda progresista dice: ‘Que se vayan’», añadió. «Pero ¿quién pagará entonces los servicios públicos que todos necesitamos?».