Una carrera que desafía el tiempo

Cuando alguien menciona las carreras de monoplazas, es fácil que la conversación derive hacia IndyCar o Fórmula 1. Sin embargo, existe otra modalidad, menos conocida pero igualmente fascinante: las carreras de coches previos a la Segunda Guerra Mundial. Y si crees que es solo nostalgia, espera a ver estos vehículos en acción.

El S.F. Edge Trophy: velocidad y tradición

Durante el Goodwood Members Meeting, el S.F. Edge Trophy se convierte en el escenario perfecto para revivir la emoción de una época en la que los coches eran pura mecánica y audacia. Esta prueba, dividida en dos mangas de cinco vueltas cada una, rinde homenaje a Selwyn Francis Edge, pionero británico del automovilismo y fundador de la empresa De Dion-Bouton British and Colonial Ltd. en 1899.

Los participantes solo pueden alinear coches fabricados antes de 1923. El resultado es una colección de máquinas con motores descomunales, ruedas de radios y chasis que parecen flexionar más que un junco. Entre los modelos más destacados está el Beast of Turin, un Fiat S76 de 1911 con un motor de cuatro cilindros y 28,4 litros de cilindrada. También brilla, aunque ausente en esta edición, el Darracq 200HP de 1905, que deja claro que la potencia no siempre va acompañada de elegancia.

Motores de otra era

En aquellos años, los diseñadores dominaban la combustión, pero la eficiencia aún era un concepto lejano. La solución más sencilla para aumentar la potencia era aumentar el desplazamiento. Por eso, los coches de esta época no solo son llamativos por su aspecto, sino por su capacidad para sorprender en la pista.

Más que una carrera: un desafío al límite

Aunque el Goodwood Members Meeting se enmarca en un ambiente de "carreras de caballeros", la habilidad de los pilotos no tiene nada de amateur. Conducir estos vehículos, con sus ruedas finas y su exposición total, requiere una precisión milimétrica. No es extraño ver cómo las ruedas resbalan en cada curva, recordando que, en estos coches, la tecnología de seguridad brilla por su ausencia.

Quien haya tenido la oportunidad de conducir un coche clásico en eventos de rally sabe lo que se siente al estar expuesto al viento, sin techo ni protección. Pero en un monoplaza de principios del siglo XX, esa sensación se multiplica. "Observar cómo las ruedas delgadas resbalan con el mínimo movimiento es, sencillamente, exhilarante", comenta un experto que ha participado en pruebas similares. "No es algo que quiera repetir cada año, pero ver a estos pilotos en acción merece la pena".

Un espectáculo para los amantes de la historia

El S.F. Edge Trophy no es solo una carrera; es un viaje en el tiempo. Cada vuelta en Goodwood es un recordatorio de cómo el automovilismo ha evolucionado, pero también de la pasión que siempre ha impulsado a los pilotos a desafiar los límites, incluso cuando la tecnología no estaba de su lado.

"Estos coches no solo son rápidos, son una lección de ingeniería y valentía. Verlos competir es como presenciar una batalla entre el hombre y la máquina".

Si te gustan las carreras con alma, el S.F. Edge Trophy es una cita obligada. Una prueba de que, a veces, el pasado puede ser incluso más emocionante que el presente.

Fuente: Hagerty