La respuesta inicial de Occidente a la invasión rusa de Ucrania en 2022 fue rápida y contundente, con sanciones que congelaron activos y generaron un costo real para el Kremlin. Sin embargo, cuatro años después, esas medidas han perdido fuerza. La falta de apoyo de figuras como Donald Trump, las trabas de Viktor Orbán y otros factores han debilitado el impacto de las sanciones.
Según el analista Tom Keatinge, Europa debe centrarse en cortar los flujos financieros digitales que sostienen la maquinaria bélica rusa. «La contribución de las criptomonedas al esfuerzo bélico ruso es evidente, pero las iniciativas para combatirlo siguen siendo ignoradas», advierte. Aunque el ecosistema cripto es complejo y está en constante evolución, la presión debe aumentar.
Un ejemplo reciente es la caída del exchange ruso Grinex, vinculado a sanciones, que anunció su cierre temporal tras un ciberataque que supuestamente robó 13 millones de dólares en USDT. Grinex, sucesor de Garantex —clausurado hace un año por las autoridades occidentales—, atribuyó el ataque a agencias de inteligencia occidentales. Sin embargo, es poco probable que Occidente haya actuado directamente, ya que prefiere métodos más legales y coordinados con actores como Tether.
Más bien, el incidente podría ser obra de hacktivistas, que aprovechan las vulnerabilidades del sistema para golpear la financiación rusa. Mientras plataformas como Telegram sigan albergando mercados ilícitos, el desafío persiste. La comunidad internacional debe actuar con mayor determinación para evitar que Rusia siga eludiendo las sanciones.